viernes, 18 de noviembre de 2011

Nuestro paciente es el niño



Nosotros los pediatras tenemos un punto diferencial muy importante en nuestra actividad cotidiana que nos desmarca de los médicos que visitan a los adultos. Y es que en la mayoría de casos, nuestros pacientes tienen interlocutores y son estos adultos responsables, las personas que explican lo que les pasa cuando van al médico y los que toman decisiones en temas de salud y prevención.
Casi siempre estos adultos responsables son los padres. Y esto tiene principalmente una ventaja, que paradójicamente puede ser un inconveniente. La ventaja es que afortunadamente los padres suelen querer lo mejor para sus hijos (al igual que nosotros los pediatras para nuestros hijos y los hijos ajenos). El inconveniente es que a veces los árboles no dejan ver el bosque y un padre se negará por ejemplo a una determinada exploración o a una determinada medicación pensando que es lo mejor para su hijo o por evitarle pasar por ciertas situaciones.

Por otro lado y ya poniéndome un poco en plan crítico hacia nosotros los pediatras, a veces ocurre, que por el hecho de que el interlocutor sea el adulto se nos olvida el niño. Como si el niño fuera sólo una parte secundaria de la visita, cuando sin duda es el actor principal. Recuerdo cuando empezamos nuestra residencia, nuestro jefe el Dr. Pou nos decía que no nos olvidáramos nunca durante la visita de interaccionar con el niño, de hablarle, de intentar conectar con él. Y yo lo intento en cada visita.
Desde luego hay niños que lo ponen difícil. Los que lloran y se retuercen como poseídos, digamos que tienen más bien pocas ganas de interaccionar con nosotros, aparte en algunos casos del saludo victorioso final que algunos nos dedican una vez que se han librado, una vez más, de nosotros.
Otros niños tienen miedo, pero reaccionan positivamente a unas palabras o a una sonrisa. Y otros están deseando que te dirijas a ellos para explicarte las mil y una.
No hay nada más reconfortarte en la consulta que conseguir ese feedback del que entraba receloso, que arrancar esa sonrisa espontánea que te dedican con toda su inocencia algunos lactantes, que conseguir que el adolescente quemado por compartir sala de espera con mocosos con pañales te mire con la complicidad de quien se siente comprendido. Nuestros pacientes son los niños y la Pediatría, justamente por todo este "juego" que te dan los adultos del futuro es chulísima!!!
¡Buen fin de semana!

4 comentarios:

Ismael Peña-López dijo...

Dices "el inconveniente es que a veces los árboles no dejan ver el bosque y un padre se negará por ejemplo a..."

Puede ser peor. Me sé de una madre que, cuando el pediatra preguntaba al niño qué le ocurría, la cosa acababa en una azorada discusión madre-hijo sobre qué le dolía y que no le dolía al niño.

- Sue sí que _también_ te duele la barriga y vomitas todo el rato.
- ¡¡¡lo sabré yo que (a) no he vomitado y (b) lo que me duele son los juanetes!!!

En fin ;))))

MisMellis dijo...

Imagino que en vuestro trabaje tendreís que lidiar con cada padre y con cada hijo....
YO cuando acudo con los mellizos intento explicar lo que les pasa y dejo que el médico haga su labor,nunca que he opuesto a nada porque entiendo que el profesional es él... eso si avasallo al pobre hombre a preguntas sobre dudas que tengo... ojalá pudiera secuestrarlo un día y llevármelo a tomar un cafecito para que me explicara un montón de dudas pendientes de madre primeriza...

.m dijo...

Qué envidia tus pacientes (y sus padre, de rebote). Yo la única "pega" que le veo al pediatra de mis hijos es que casi no interacciona con ellos. Cuando la mayor era pequeña pensaba que quizás era lo normal, que el pediatra no estuviera "haciéndole risitas" a la bebita. Pero ahora (a sus casi 4 años) mi hija "adora" a su pediatra (nos toca visitarle demasiado a menudo, y yo siempre he intentado que lo vea como quien nos ayuda a que se ponga buena) pero él hay días que casi ni le dice buenos días... otros, como mucho, un par de palabras. Seguramente es su carácter, pero se echa de menos un poco de calidez...

Mª Luisa dijo...

Bueno! bueno! a partir de los 50 en varones el interlocutor es la esposa y a partir de los 70-80, sobre todo, en demenciados, pero también en personas normales, los hijos!
Hasta los 18-20 la madre....y te sorprendería saber cuantos treintañeros vienen a urgencias con su madre que se enfada si no le dejas pasar con "su niño"....Asi que....
no te creas que hay tanta diferencia.
Besos

Related Posts with Thumbnails

Diario de una mamá pediatra | Desenvolvido por EMPORIUM DIGITAL