

Como os comentaba el otro día, coincidiendo justamente con la generalización de la variolización en nuestro país, el Dr. Jenner, un médico inglés, estaba a punto de hacer un descubrimiento trascendente.
Una lechera llamada Sarah Nelmes consulta a Jenner por una erupción en la mano. A partir de las lesiones y de su profesión, la diagnosticó de viruela vacuna. La viruela vacuna era una enfermedad leve, que afectaba a las vacas y que ocasionalmente se podía transmitir a las personas que las ordeñaban a partir de pequeñas heridas en las manos. Aunque las lesiones en la piel tenían cierta similitud con las lesiones de la viruela humana, la enfermedad no era ni de lejos tan lesiva.
A partir de las lesiones de las manos de Sarah, Jenner hizo inoculaciones en los brazos de James Phipps, un niño de 8 años que era el hijo de su jardinero. El niño pasó la viruela vacuna sin grandes complicaciones y se curó sin problemas. Posteriormente pudo comprobar que la viruela de la vaca protegía de la viruela humana, ya que realizó la variolización del niño en diferentes ocasiones sin que desarrollara la enfermedad: estaba inmunizado. Y en ese punto surgieron las vacunas. El nombre también procede de ese hecho: a partir de la difusión del descubrimiento no se variolizaba sinó que se ponía la vacuna (la de la viruela vacuna, de la vaca).
Aunque inicialmente tuvo poca acogida en la comunidad científica, pocos años después, la vacuna de la viruela fue el origen del resto de vacunas.
La casa natal de Jenner es actualmente un museo que está a una hora y media de Londres. Y la piel de la vaca -llamada Blossom-, que contagió a Sarah Nelmes, se conserva en la biblioteca del hospital Saint George de Londres, lugar donde estudió Jenner.
PD: Imágenes obtenidas de la página web http://www.ozkizil.com/






4 comentarios:
Muy interesante!
Coincido ¡que interesante!
Que cantidad de cosas que no sabemos... excelente información...
Siempre me ha encantado esta historia! en general la historia de la medicina es fascinante!
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