
El sábado por la noche regresamos de Francia como os explicaba ayer. El domingo al mediodía, como la nevera estaba a cero, decidí salir a buscar un pollo a l'ast para comer, un poco cansados ya de comer fuera de casa todos estos días.
Mi barrio está a pleno rendimiento estival. La Rambla y sus alrededores, como buena antesala de la playa y hasta arriba de terrazas, ya está en su apogeo. De camino al pollo me encontré con varias personas conocidas. Una de las personas con las que me encontré es una ex-compañera de facultad, médico como yo, que es originaria de Poblenou, y que en su momento decidió en vez de encerrarse a estudiar el MIR y hacer la especialidad en nuestro país, probar por tierras europeas, en las que el acceso a la formación especializada se realiza de otras maneras. El caso es que está asentada en Gran Bretaña desde entonces y es allí donde ha formado su familia. Es madre reciente de dos pequeños y ocasionalmente, cuando está por aquí de visita, me la encuentro e intercambiamos impresiones. Como sea que ha pasado su última baja maternal por aquí y que los pediatras de sus hijos están allá, no ha hecho muchas revisiones del más pequeño (ya se sabe en casa del herrero...) y me comentaba que andaba algo perdida con la introducción de la alimentación complementaria, y que había ido tirando de lo que su memoria le recordaba con el otro hijo, lo que su madre refería y lo que como médico podía intuir.
El caso es que con nuestros primeros hijos la mayoría somos más ortodoxos con la introducción de los alimentos y con los segundos y sucesivos, el tema se relaja. Y es que en realidad suele ser poco relevante introducir algunos alimentos mes arriba o mes abajo. Y en esto cada maestrillo tiene su librillo, para desesperación de algunos padres que piensan que los pediatras no nos aclaramos.
Mi opinión profesional sobre el calendario de introducción de los alimentos durante los primeros meses de vida es que hay que tener ciertas referencias (pues para ciertos alimentos es mejor esperar) y que la flexibilidad es válida en función de las circunstancias familiares y de cómo sea el pequeño. De esta forma entorno a los 6 meses se suele introducir la verdura y aunque se suele dar una receta estándar, al final va a ser lo mismo que introduzcas judías verdes o que le pongas calabacín. Y también no va a pasar nada porque esta introducción se haga un poco antes o un poco más tarde. O que primero vayan las verduras y después las frutas o viceversa.
Unos meses después también resulta muy interesante aprovechar el interés natural que los niños tienen por los alimentos que ven comer a los demás. Obviamente teniendo cuidado con los trozos para evitar atragantamientos y teniendo claro que los callos y similares no son muy adecuados para los bebés....
En fin, como casi siempre sentido común, tranquilidad y flexibilidad en lo posible en la organización familiar, evitando que la comida se convierta en un drama cotidiano tanto para el que cocina y/o da de comer como para el que come.






3 comentarios:
jejeej me recuerda a mi penúltimo post... Yo estoy de un relajado con el tercero, que ya está mi madre llevándose las manos a la cabeza ;P
Al final aplicar el sentido común es lo mejor.
Por cierto Amalia, estando de vacaciones compré para la playa la revista Mia y en un artículo que habia de blogs médicos recomendados, de los primeros ¡estaba el tuyo! me puse contentísima, enhorabuena, aunque sea una revistilla nada más, sea como fuere está bien que se reconozca el trabajo de una, ¿no?
Mamá en Alemania, justamente es un tema del que tengo pendiente hablar, jejeje...Tu experiencia y más cercana, la de mi hermana, también con 3 me hacen ver que en algunos aspectos la cosa va degenerando ;P
Lulu, gracias por tu comentario! Contactó conmigo una periodista y estaba pendiente de que me dijera cuándo se publicaba!! Si sabes de qué fecha es (más o menos) dímelo al e-mail. Gracias
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