jueves, 10 de marzo de 2011

Llantos en la consulta del pediatra


Ayer leí una estupenda reflexión que la Dra. Mónica Lalanda hizo sobre el llanto de los niños cuando van al médico. La Dra. Lalanda ha estado ejerciendo durante un tiempo en Inglaterra y compara su experiencia allí con la experiencia en nuestro país. Afirma que los niños lloran en cuanto la ven y trata de analizar las diferencias de nuestro sistema sanitario así como nuestras diferencias sociales en un intento de comprender el diferente comportamiento de unos niños y otros.

Mi experiencia no es totalmente acorde con lo que ella explica. A mí no me lloran todos los niños en la consulta (y de hecho me enorgullece cuando algún padre comenta "anda, siempre llora y contigo no"). Aunque no es oro todo lo que reluce y hay bastantes que sí que lloran. Algunos con un lamento tímido mientras otros se emplean a fondo en berrear y patalear con todas sus fuerzas.

Sería de tontos negar que Urgencias -y los hospitales en general- son lugares hostiles para los niños. Obviamente el hecho de que mi hospital sea monográfico pediátrico, facilita poder evitar que los niños compartan los espacios comunes con adultos enfermos y con algunas escenas dignas de películas de terror. De hecho, yo que me formé también en un hospital monográfico pediátrico fui la primera en impresionarme ante el deprimente escenario que constituyen en muchas ocasiones los servicios de Urgencias de adultos.

Los niños lloran en las consultas por diversos motivos. En primer lugar hay que tener en cuenta el temperamento que cada uno de nosotros tenemos desde la cuna, y la forma de afrontar las situaciones de estrés. Los niños expresan con el llanto muchos sentimientos, y en el médico es común que tengan miedo, principalmente a lo desconocido, pero también a lo conocido doloroso. Y de hecho aunque hay niños que llorarán desde el primer día hasta que estén rozando la adolescencia, la edad en la que un porcentaje más alto de niños llora cuando va al médico se inicia un poco antes de cumplir el primer año de vida -coincidiendo con el desarrollo del apego y la ansiedad por separación y con que ya han estado vacunados unas cuantas veces-, hasta aproximadamente una edad que suele ir entre los dos y los tres años de vida, en los que es posible explicarles y que entiendan a su manera que nuestro objetivo es cuidarles e intentar que se curen. Ese miedo a lo desconocido y a los desconocidos va disminuyendo con la edad, y la prueba es que son muchos más los niños que lloran en sus primeros días de guardería que en sus primeros días de colegio.

Otro motivo que va en contra de los médicos de Urgencias es que la mayoría de veces somos en realidad totalmente desconocidos para el niño y también para la familia. Ambas partes pueden mostrar consciente o inconscientemente su recelo hacia nosotros. Muchos niños que no suelen llorar con sus pediatras habituales a los que consideran una parte más de su entorno como lo son por ejemplo sus profesores, lo hacen cuando van a Urgencias. Otro factor en ese momento es que generalmente están enfermos y el encontrarse mal genera mayor irritabilidad y menor tolerancia a situaciones nuevas (algo que por otro lado creo que nos pasa a todos).

En cuanto a la actitud de los profesionales, pediatras y enfermeros, también tiene influencia. El aspecto físico posiblemente juega su papel y en mi caso creo que el hecho de ser mujer (y además físicamente pequeña y hasta no hace demasiado tiempo, con cara de niña) me beneficia. En otro orden de cosas es indispensable tratarle con suavidad, evitando movimientos bruscos, sin abordarle "a saco", hay que intentar hablarle con dulzura, especialmente a los que manifiestan claramente que tu presencia no les gusta. Por ejemplo a los bebés que lloran y a los que me interesa especialmente valorar su auscultación, prefiero hacerlo mientras se sienten protegidos en brazos de los padres. Yo no soy de la opinión que haya que hacer el pino-puente con los niños, ni mimetizarse completamente con ellos, pero sí intentar interaccionar, adaptarse a sus circunstancias y a su edad.

También me parece importante que los padres estén presentes siempre, tanto para la visita como para los procedimientos. Aunque los padres tienen que saber estar en su lugar, y dejar hacer, porque sinó las cosas suelen empeorar. Y de hecho suelo ser muy tolerante con los niños que lloran, pero me pone de mal humor que el padre o la madre se ponga más histérico que el niño ante situaciones que no son dramatizables como por ejemplo es desnudarle para la exploración o mirarles la faringe. Yo recuerdo en una ocasión en que unos padres se marcharon airados porque la niña lloraba (debía tener unos 3 ó 4 años) y no querían correr el riesgo de traumatizarla desvistiéndola y sentándola en la camilla. Fue un drama de visita y un desgaste intentar explicar a dos personas adultas que no le iba a hacer daño y que si no la podía explorar no podía darles un diagnóstico.

Y es que los padres tenemos que intentar transmitir serenidad. Los niños no sólo detectan las palabras, también las actitudes y los gestos de sus progenitores. Si los padres están ansiosos, el niño tiene un radar especial para detectarlo. Yo que odio con todas mis fuerzas el momento de sentarme en la silla del odontólogo aunque sea para una simple higiene dental, tuve que tragarme mi propia ansiedad el día que llevé a mi hija a hacerse dos empastes. O mi dolor cuando las pincharon a las dos para descartar que fueran celiacas.

Y ya sin palabras para los desafortunados comentarios "si no haces tal cosa, te pincharán o te llevaré al médico". Son muy pero que muy frecuentes, os lo puedo asegurar. Y transmiten una imagen negativa. En algunos hogares en las que el mensajito de marras se utiliza para todo, lo sorprendente es que el niño llegue a la consulta y no llore como si le fuera en ello la vida.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi hijo mayor, con casi tres años pasó una litotricia (operación con ondas para romper una piedra en el riñón), le dejó secuelas durante un tiempo que le hacían llorar nada más oler, aún de lejos, un hospital o consulta médica. En cambio, con nuestro pediatra no le pasaba, es un médico cercano, que bromea con ellos, les da un sugus al final... les hace sentirse personitas, y con él no le pasó, aunque me explicó que el "trauma" era normal. Yo intento explicarle todo lo posible antes de ir al médico.
El pequeño, diez meses, llora como un berraco en cuanto le tumban en la camilla para una sencilla exploración, creo que es por lo que comentas del apego. Espero que según vaya siendo mayor se le pase.
Marta.

anna dijo...

Seguro que algunos adultos si pudieran también llorarían...;)

Uma dijo...

Muy bueno! Hace poco nos han dado unas pautas para hacer menos traumático la entrada en la guarde y hablan de no "amenazar" al niño con llevarle al cole! no me podía creer que alguien lo hiciera,pero veo con el médico pasa lo mismo!
Estoy de acuerdo en que los primeros que han de vivenciar la visita como positiva son los padres!
Encantada de conocerte.
Besos

Javier dijo...

Una vez más coincido contigo. Es inevitable que algunos niños llorn en la consulta, sobre todo cuando acuden niños que no atendemos habitualmente y no nos conocen. Por otra parte nosotros y los padres podemos hacer mucho por tranquilizarlos con nuestra actitud; unos segundos dedicados a tranquilizarlos antes de la exploración nunca es un tiempo perdid,o y por supuesto es importantísima la actitud de los padres; si los padres transmiten tranquilidad todo es mucho más facil.

mamadejulio dijo...

Y los padres de esa niña de 3-4 años q comentas que pretendían? Q les dieses un diagnostico con solo mirar a la niña?
Yo flipo

Valle de Guerra dijo...

Mi experiencia es enriquecedora, tengo un niño de 3 años, con su pediatra y su enfermero es todo amores, y los padres no tenemos más que darles las gracias por ser además grandes profesionales y saber que sus usuarios son los niños. Los padres: sentido común y educación (ambos). Créanme, funciona.
Saludos.

avecesmujersiempremama dijo...

Mis hijos mayores no son muy llorones, pero alguna lagrimilla sobretodo de bebés han echado y es totalmente normal, es como tu dices, es un ambiente extraño y es su única manera de manifestar miedo, malestar ...Con mi hija pequeña que lleva desde que nació de médicos por su problema de cataratas es una odisea. practicamente imposible que se deje tocar o hacer nada en el médico ... pero mi marido y yo inentamos hablarle con cariño y con calma y aunque muchas veces salimos más agotados que ella de las revisiones, entendemos que es normal y que conforme deje de ser bebé y vaya creciendo será capaz de entender que es desagradable pero necesario y que las revisiones son por su bien.
La verdad, es que creo que a ningun adulto nos gusta ir al médico, lo que pasa es que nos aguantamos :)(un poco de empatía siempre viene bien)
Por eso me gusta tanto tu blog porque eres muy empática con los peques y los papás

Por cierto Amalia me gustaría que alguna vez hablaras (no se si lo has hecho ya) de las revisiones coulares de los recien nacidos, me parece que tendrían que ser mas exhaustivas y realizadas por especialistas (oftalmólogos infantiles) tal y como se hacen las auditivas

Lulu dijo...

El mio de bebé en las visitas a urgencias era todo lo contrario, en cuanto llegabamos, se le pasaban todos los males y lucia una sonrisa angelical de "aqui no pasa nada, mira que simpatico soy", que no es la primera vez que me decian que si el niño se estaba riendo, mucho no le podia pasar, vamos, que una va de urgencias porque a las 4 de la mañana un martes, tras 2 horas de llantos desaforados sin motivo aparente y sin que sea normal en el niño, se aburre en su casa...
Al final fueron otitis, que tumbado duele mas y al ir en el coche, incorporado y medio distraido, pues como que se le pasaba un poco.

Gemma dijo...

Mi hijo berreó en la consulta tanto de la pediatra como del infermero hasta pasados los 2 años. Era enpezar a llorar al entrar por la puerta y no parar hasta salir. Y nosotros comunicándonos a gritos para entendernos. Desesperante. Una vez entramos en un almacén de jamones y también tuvimos que irnos porque los dependientes llevaban batas blancas. Era un caso.
Le compré un librito que se llamaba "Edu va al pediatra" y lo mirábamos juntos y jugábamos a ir al médico, pero a la hora de la verdad estábamos en las mismas. A partir de los 3 años ha dejado de llorar y es un alivio.
Un saludo

esther dijo...

¡Hola Amalia! Felicidades por tus post. Te sigo desde que intenete mirar en internet un "principio de neumonia" y gracias a Dios conoci tu blog. Desde entonces me niego a buscar informacion en internet, pero ahora necesito q me aconsejes de una pagina seria para resolver una duda pediatrica que tengo,o si fuese posible explicarte a ti el caso,pues tu ya eres como mi pedriatra de confianza. Mi correo es mate.perez@hotmail.es. Muchisimas Gracias y por favor sigue con tu gran labor.

etiKeta dijo...

A mi hijo le pasa una cosa graciosa : nunca llora cuando va al pediatra pero se pone a llorar si pasamos delante del ambulatorio sin entrar , y si entramos si no vamos a pediatria!

Almuka dijo...

Hola Amalia. Acabo de descubrir tu blog y quiero felicitarte. Me alegra encontrar una pediatra sensible y respetuosa con los niños. Yo tengo una niña de 2 años muy poco llorona, excepto cada vez que teníamos que ir al médico... Entonces se ponía histérica, y ha sido así desde el principio hasta ahora. Yo estoy casi convencida de que la experiencia del parto (con forceps y otras intervenciones nada respetuosas) y de los días que estuvimos en el hospital (donde el trato fue pésimo para mí y para ella) se le ha quedado grabado en algún lugar de su memoria. Y puede oler a los médicos y enfermeras a la legua! Ahora vivo fuera de España, en Suecia, y mi sorpresa es que los niños que yo he visto en el médico aquí hasta ahora lloran mucho menos... y mi propia hija entra llorando pero deja de llorar enseguida en cuanto estamos dentro y ve a la persona (que por cierto, no lleva bata blanca, aquí van de calle). Creo que puede influir que los niños en Suecia nacen practicamente todos en parto natural y sin intervenciones innecesarias, y que los profesionales están mucho más concienciados con el trato a los niños, que es exquisito. Sólo quería dejar constancia de mi experiencia, porque los niños (y bebés) lloran por muchos motivos, pero creo que un motivo importante que ignoramos es si han tenido un nacimiento violento o una llegada dramática a este mundo. Y en España son la inmensa mayoría, por desgracia.
Un abrazo grande!

monica.lalanda dijo...

Hola Amalia, muchas gracias por la mención.

Marina dijo...

Nosotros cada vez que vamos a la guardia dejamos a uno de los chicos internados :(
Salvo la última vez, que fue muy graciosa! La dra. le preguntó qué le dolía, y el muy pícaro empezó a inventar!!! Y yo tan segura tratando de convencer a la médica que si él decía q se sentía mal tenía que ser cierto, jeje. Por suerte, ese día nos volvimos a casa :):):)

Anónimo dijo...

Hola Amalia:
Trabajo con niños autistas y el mayor problema que expresan estas mamás es la demora y el mal trato con estos niños que muchas veces no comprenden la espera, tienen alta tolerancia al dolor pero nunca se pueden acostar en una camilla por sí solos y dejarse explorar.
Habrá alguna manera de concienciar a los profesionales de la salud y que puedan adoptar mejores situaciones ante estos niños? Las madres sufren ante la pegatina verde (situación de poca urgencia) y deben esperar horas y horas con el consiguiente desborde de los niños en la sala de espera. Es algo insoportable. Luego intentan darles jarabes y cosas por la boca, tienen una hipersensibilidad en la boca y no toleran que nada los toque. Habiendo tanta medicación vía venosa, siguen insistiendo en darles antibiótico vía oral y cada ocho horas, algo imposible en estos niños.
Sabrás de algún protocolo que pueda implementarse en los hospitales y que esté funcionando actualmente.
Hay que considerar que estos niños también tienen una comorbilidad muy continua con enferemedades pulmonares y gastrointestinales a repetición.
Felicitaciones por tu blog, muy interesante.
Saludos
Verónica

Mariale dijo...

Hola Amalia,
pienso que el trabajo debe ser en conjunto,
1. El sistema
2. Los padres (serenos, hablar siempre bien de los doctores como amigos, leer cuentos de médicos, jugar al médico, llamarla por su nombre, hacerla ver cercana, una amiga, llevarle un dibujo, que el niño quiera ir a verla, motivarlo, ella es buena y nos cuida)
3. Los médicos.... empatía, afabilidad, premio al final de recopensa hay muchas ideas
un abrazo y encantada de conocerte

nalu dijo...

La verdad es que hay niños que tienen verdadero pánico, y eso es difícil de controlar, pero al menos hay que intentarlo...
Hace dos años monté en el ascensor con mi vecino y su niña de dos años (como miles de días), pues ese día se me hizo tarde y llevaba la bata en la mano, conforme la niña vio la bata, empezó a hacer pucheros y a esconderse...

Lola Rovati dijo...

Hola,

Hemos comentado tu entrada en el repaso de blogs de mamás y papás en Bebés y más.
Un saludo.

http://www.bebesymas.com/nuestras-experiencias/blogs-de-papas-y-mamas-lvii

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