martes, 1 de marzo de 2011

Algunos apuntes sobre el TDAH



El sábado pasado tuvo lugar la XXI Jornada Médico-Quirúrgica, que anualmente se realiza en mi hospital, y que cada año intenta introducir novedades y actualizaciones en algún tema pediátrico. Este año la especialidad protagonista era Neuropediatría y aunque a priori no es de mis especialidades favoritas y se juntaba el hecho de que la jornada sea un sábado "libre" -la cual cosa requiere cierto esfuerzo suplementario- tengo que decir que superó con creces mis expectativas.

La primera charla que es la que resumiré hoy hablaba sobre el TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. La comunicación la realizó la Dra. González que es una excelente neuropediatra y que fue compañera mía de residencia (espero que no se moleste por la transcripción de los datos que nos dió).

El TDAH es, como ha ocurrido con otras muchas enfermedades que se conocen desde antaño, una enfermedad de la que se habla bastante últimamente. Y parece que esté "de moda". La sensación como pediatra es que es un diagnóstico quizá demasiado común en los tiempos que corren, como si cualquier niño por el hecho de ser un poco movido o un poco despistado fuera catalogado de hiperactivo. Posiblemente la clave, como en otros tantos temas, es caer en las manos de un profesional adecuado que conozca en detalle la enfermedad.

Aún así los datos nos arrojan una frecuencia alta en la población general, ya que puede afectar al 3-6% de los niños en edad escolar, la cual cosa a grandes rasgos implica que en cada aula de nuestro país por probabilidad hay un niño afecto de TDAH. El TDAH es un trastorno del desarrollo cognitivo-conductual y es el más frecuente de dichos trastornos en la edad infantil. Aunque es en la infancia donde se suele diagnosticar con más frecuencia, en un porcentaje no despreciable, los síntomas persisten en la edad adulta.

Los 3 síntomas nucleares del TDAH son la inatención (parece que no escuchen, evitan las tareas que requieren esfuerzo), la hiperactividad (se levantan constantemente, corren en momentos en los que "no toca") y la impulsividad (dificultad para guardar el turno o interrupción de la actividad de otros). Como estos 3 síntomas se combinan en diferente proporción, el trastorno se divide en diferentes subtipos en función de qué síntoma predomina.

En principio es más frecuente en niños que en niñas, aunque es posible que en las niñas, en las que predomina el subtipo inatento el diagnóstico pase más desapercibido (un niño impulsivo o hiperactivo llama más la atención que uno inatento). En cuanto a la hiperactividad, que suele ser lo más llamativo y en ocasiones lo más molesto, tiende a mejorar con la edad siendo la inatención lo más prolongado en el tiempo y el síntoma que más repercusión a largo plazo va a tener en la vida del individuo (fracaso escolar, dificultades laborales, etc)

Los primeros síntomas se detectan entorno a los 3 años. Y en un porcentaje no despreciable hay asociación con otros problemas como por ejemplo trastornos del aprendizaje, tics, trastornos del sueño o en adolescentes y adultos, abuso de sustancias tóxicas.

El origen del TDAH es multifactorial y se creen implicados factores genéticos y factores ambientales. Uno de los factores ambientales sobre el que las madres podemos incidir es sobre el tabaquismo materno durante la gestación, que parece ser un factor de riesgo.

El diagnóstico del TDAH es clínico, y se basa en los criterios del DSM-IV. El DSM es un manual para el diagnóstico de las enfermedades mentales. Dichas enfermedades en su mayoría no tienen una prueba de laboratorio o de imagen que las diagnostique definitivamente. El diagnóstico se basa en cumplir una serie de criterios. La cual cosa no deja de tener cierto grado de subjetividad, y ahí es donde yo me refería a que es posible que haya sobrediagnósticos de TDAH. Los criterios diagnósticos de los que hablo los podéis ver detallados aquí, y en esa lista creo que hay que dar mucha importancia a los criterios esenciales como por ejemplo la interferencia con la vida cotidiana o la comparación con otros niños de la misma edad.

El tratamiento del TDAH debe incluir además del tratamiento farmacológico, el cognitivo-conductual, el psicopedagógico, el apoyo familiar y el tratamiento de trastornos asociados, si es que los hay. En cuanto al tratamiento farmacológico clásico, el metilfenidato, parece que la experiencia acumulada lo valida como un fármaco bastante seguro y con pocos problemas a largo plazo. Aunque no deja de ser un tratamiento crónico y no exento de efectos secundarios. No obstante, los datos parecen indicar que un niño con TDAH que no se trata suele tener una evolución desfavorable en la adolescencia y en la vida adulta, así que supongo que está claro hacia dónde se inclina la balanza en los casos en los que el diagnóstico es de certeza.

8 comentarios:

Andy dijo...

Me permites compartirlo tengo un blog de coaching y tb tocamos estos temas , me parece interesante lo que has escrito.
Gracias

Albertina dijo...

Me ha gustado mucho la entrada. Solo un apunte, es muy difícil tener una certeza al 100% del diagnóstico, de que no pesa más el lado subjetivo, porque el mismo niño, visto por profesionales distintos, podría ser diagnosticado con TDAH o simplemente movido. No soy partidaria de dar medicaciones psiquiátricas a edades tempranas, yo padezco toc, estoy medicada y conozco los efectos secundarios de ese tipo de medicamentos, incluyendo el letargo. Conozco un niño diagnosticado con TDAH, medicado, que desde que está en tratamiento dice que no tienen ganas de jugar. Y no juega. Asumir una situación así, sabiendo que es un trastorno que tiene mucha parte subjetiva, me parece arriesgado. Yo soy partidaria de dar apoyo psicológico a edades tempranas, y si hay que medicar, hacerlo cuanto más tarde mejor. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Lo siento Amalia, pero es que es un tema taaaaaaaaaaan profundo, y podría decir tanto de cada uno de los puntos que tocas, que no acabaría en la vida. Sólo decirte que lo has dejado, para mi gusto, muy en el aire. Si alguien quiere más información, que se pase por la web de la fundación adana.

Belén dijo...

Bueno, como dicen más arriba es imposible hablar de un tema como este en una sola entrada pero ya que la mayoría de tus lectoras son madres entiendo que no hayas querido profundizar demasiado para no aburrir a nadie.

Estoy de acuerdo contigo en que últimamente se diagnostican muchos niños de TDAH pero si es un diagnóstico equivocado suele ser porque el niño tiene algún otro síntoma, no sólo porque sea un poco movido... ¿no?

Mamá dijo...

Muy interesante, la verdad. Pero qué fácil parece ser confundir los síntomas de esta enfermedad con un niño revoltoso. ¿Verdad? yo, que soy un poco hipocondriaca, no sé si debería leer estas cosas...je, je, je... :-) gracias por la info

asl dijo...

Hola. Desde mi profundo desconocimiento :? No podría ser que se diagnostican más niños ahora porque lo que se espera de ellos es que SIEMPRE cumplan las normas y hagan lo que toca en cada momento, y se fomenta mucho menos el juego libre y la creatividad? No se, pregunto... Enhorabuena por tratar el tema.

Bere dijo...

Amalia, espero que ese comentario "anónimo" no te haga cambiar tu forma de escribir, seguro que muchas de las enfermedades que tratas tienen más información para profundizar, pero para alguien como yo, que no soy médico, me parece útil saber generalidades, si fuera el caso, y mi hijo padeciera esta enfermedad, obviamente investigaría y preguntaría más.
Gracias por la información =D saludos!

Anónimo dijo...

Soy casi médico, quiero especializarme en psiquiatría (que incluye psiquiatría infantil). Es común entre la gente la idea de no querer dar psicofármacos a niños pequeños. Pero esa idea es totalmente errónea. Para diagnosticar un TDAH, y cualquier enfermedad psiquiátrica, es necesario el criterio de FUNCIONALIDAD, es decir, que afecte negativamente la vida diaria del paciente. En el caso de estos niños, su problema es básicamente la inatención, más que la hiperactividad. La hiperactividad puede hacerles más "cansinos" de cara a los demás, pero es la inatención lo que va a hacer que sufran un retraso, que puede ser muy severo, en su aprendizaje. Ahí es donde actúa el metilfenidato, en mejorar la atención. Si no damos el fármaco que nos ha mandado el médico a nuestro hijo, le estamos condenando a que sea un "retrasado" (entendiéndolo como que sufre un retraso en su aprendizaje con respecto a los demás niños de su edad), siendo este retraso perfectamente prevenible, puesto que la capacidad intelectual del niño está intacta (esto es, desde mi punto de vista, lo más triste, condenar a un niño a una deficiencia con respecto a lo que él podría ser).

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