El martes estuve todo el día en una jornada de actualización para instructores de reanimación cardiopulmonar pediátrica organizado por el Comité de RCP de la Societat Catalana de Pediatria.Estuvo francamente bien, pues nos permitió refrescar conceptos, conocer nuevas estrategias docentes y repasar las nuevas recomendaciones de los comités de expertos. Hace unos días en diversos blogs médicos ya se hablaba de estas nuevas recomendaciones. En el caso del adulto es llamativo el hecho de obviar la ventilación, el famoso "boca a boca" y centrarse en el masaje cardíaco, que ahora ha pasado a denominarse compresiones torácicas.
En el caso del niño, las tendencias son en cada revisión, acercar las normas cada vez más a las del adulto, de forma que no haya tanta diferencia en reanimar a un niño y a un adulto, y haya más personas que se atrevan a iniciar las maniobras independientemente de la edad de la víctima.
La diferencia principal entre el niño y el adulto es la frecuencia de la parada cardio-respiratoria. En un hospital donde tratan adultos están muy habituados a las maniobras de resucitación porque las realizan día sí y día también. Por suerte los pediatras no estamos tan habituados, ya que los niños no hacen un paro cardio-respiratorio así como así. Esto por un lado es extraordinariamente satisfactorio como médico porque te enfrentas muchas menos veces a la posibilidad de muerte, pero como pequeña desventaja, no estamos tan entrenados en hacer maniobras de reanimación como los médicos de adultos (internistas, intensivistas, anestesistas)
La otra diferencia, muy importante con el adulto, es el origen de la parada. En los adultos la causa principal es cardíaca situándose el infarto de miocardio en primera línea. En los niños la parada suele tener un origen respiratorio salvo en niños afectos de cardiopatías congénitas o en adolescentes, que ya comparten mucha fisiopatología con el adulto. Intuir el origen cardíaco o respiratorio es importante, porque aunque al final un paro respiratorio no tratado comporta un paro cardíaco, en las secuencia de reanimación hay que contemplar la posibilidad de arritmias cardiacas y en el caso de estar presentes, algunas de ellas necesitan tratamiento eléctrico para su resolución.
El tratamiento eléctrico se realiza con un desfibrilador. Los desfibriladores están en todos los servicios de urgencias de los hospitales, en las plantas de hospitalización y en las ambulancias que hacen soporte vital.
En algún momento histórico fue evidente que los desfibriladores tenían que salir de los hospitales, porque la mayoría de paradas cardíacas se producen de forma súbita fuera del hospital, en cualquier lugar donde puedan estar las personas. Como el manejo de un desfibrilador convencional necesita un aprendizaje y por otro lado se deben tener unos conocimientos básicos de electrocardiograma y arritmias para saber cuáles necesitan descarga eléctrica (fibrilación ventricular -la más frecuente-y taquicardia ventricular sin pulso) y cuáles no, se idearon los desfibriladores automáticos o semiautomáticos externos (DEA o DESA). Son unos aparatos que de un tiempo a esta parte se encuentran en lugares donde concurren habitualmente bastantes personas (centros comerciales, estaciones de transporte, aeropuertos, campos de fútbol, etc) y que tienen un funcionamiento relativamente sencillo para que las personas no sanitarias estén en condiciones de poder aplicarlo y recuperar una hipotética arritmia, para continuar con las maniobras clásicas de resucitación. Las normativas irán ajustando la necesidad de la presencia del DEA de forma cada vez más corriente. De hecho en algunos países como Holanda, la ley regula la necesidad de que haya uno en cada una de las calles principales de las ciudades.
Mañana os explico a grandes rasgos cómo funciona un DEA y algunas consideraciones a tener en cuenta.






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