viernes, 26 de noviembre de 2010

Quién enseña a quién (III): Sensibilidad

Mucho se habla en los últimos tiempos de la importancia de educar en las emociones, de aprender a utilizar la inteligencia emocional, de conocerse y entender el lenguaje no verbal, de saber más allá de lo que dicen las palabras. Son temas que me gustan porque a veces con los niños estamos más empeñados en que adquieran conocimientos académicos y normas variadas cuando muchas veces lo más importante en la vida puede no ser eso.
Cada uno tiene su temperamento, los recovecos de la vida hacen que los sentimientos se expresen de una u otra manera y que te hagan madurar, como se dice comúnmente. Entender el mundo en base a las emociones es algo que me gustaría saber transmitir a mis hijas y también que aprendan a disfrutar y saber encontrar la felicidad, aceptar la frustración así como llorar y desesperarse cuando sea necesario.
Sin embargo los niños -en especial nuestros hijos- también nos enseñan mucho del mundo de las emociones y de los sentimientos. Quién sinó, nos emociona cuando le vemos por primera vez en esa preciosa ecografía del primer trimestre, quién nos hace conocer a muchas de nosotras lo que es el dolor de parto (otro tipo de sensibilidad...como para olvidarla!), quién nos ayuda a recobrar la capacidad de ver el mundo a través de los ojos de un niño, quién nos hace sentir dolor con su sufrimiento y alegría inmensa con sus pequeños logros.

En mi actividad profesional, tener a mis hijas ha aumentado extremadamente mi sensibilidad ante el dolor ajeno así como la empatía ante los niños que sufren y sus padres que ruegan. Y todo esto creo que me ha hecho ser mejor persona. Lamentablemente el humanismo en la medicina no parece que pase por su mejor momento.

De mis hijas, Irene ha mostrado desde la cuna ser una niña muy sensible. Algunos dirían que es una llorona, seguramente con razón, pero yo más bien creo que tiene una sensibilidad fuera de lo común, y más de una vez pienso en ella en el futuro estando al lado de los más desfavorecidos. Como anécdota os explicaré que el otro día nos heló el corazón cuando se puso a llorar a moco tendido escuchando la letra y el tono de la canción de "El marido de la peluquera" de Pedro Guerra. Y la emoción se transmite y se transpira.
Buen fin de semana


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo, sin duda, que nuestros hijos nos enseñan cada día muchas cosas y gracias a ellos mejoramos nuestra calidad como personas.
Nosotros nos casamos cuando mi hijo estaba a punto de hacer 3 años, se lo pasó pipa en la boda. Nuestra sorpresa fue increíble cuando le ponemos el vídeo de la misma y empieza a llorar como una magdalena... por detrás nos causó tanta gracia como sorpresa... No es llorón, espero que siempre pueda desahogarse sin temor a que le consideren sensiblón.
Marta.

Salvador Casado dijo...

Muchos adultos somos analfabetos emocionales, la gestión de nuestro universo emocional es incompleta. En consecuencia no conseguimos construir relaciones armónicas ni educar a los niños y niñas de una forma adecuada.

También nos pasa en los entornos laborales, como reflexionamos hoy algunos.

http://doctorcasado.blogspot.com/2010/11/reconocer-agradecer-incentivar.html

Y sorprende comprobar como al final, tengamos delante a un niño o a un adulto talludito, nos la terminanos jugando con el modo en que reconocemos, agradecemos e incentivamos.

Hay que seguir aprendiendo.

Gracias Amalia por compartirnos tu estupendo blog

Marina dijo...

A mí también me ha pasado que desde que soy madre soy mucho más receptiva al dolor ajeno, sobre todo de niños.
Hace unos días por la tarde veíamos una película en la que un padre trataba mal a un niño. Mi hija se puso a llorar viendo esa escena. Entonces me dí cuenta de que con 4 años ya es capaz de entender un mal comportamiento, el dolor ajeno. A partir de ahora controlaré mucho más lo que ven en TV, etc....

Catalina dijo...

Que razón tienes¡¡.. debería de haber una asignatura en el cole para aprender inteligencia emocional... porque hay gente muy brillante que se estrella por el camino por falta de no saber gestionar sus emociones

Anónimo dijo...

Me ha encantado este post, muchas veces estamos mas preocupados en que nuestros hijos aprendan inglés, y no les enseñamos a gestionar sus sentimientos, intentamos que no sufran, que no lloren etc.. y creo que es muy importante educar en ese sentido, en la frustación, no todo es como queremos no lo podemos tener todo y no todo es ya, creo que hacemos seres emocionalmente muy débiles, pero a la vez muy manejables, yo que di clases en la facultad unos años me sorprendió como alumnos de los últimos cursos venian llorando o con sus padres a las revisiones de los éxamenes. Nadie les habia enseñado a solucionar sus problemas.
Me sorprendio mucho; mi generación tengo 40 creo que en general lo hicieron mejor a los mejor la falta de atención o de un exceso de ella nos hizo más autónmos y mas capaces de" tirar pa lante".
Un saludo
María

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