miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mobbing (I)

Éste es un tema del que desde que inicié el blog hace ya muchos meses tenía intención de hablar. Supongo que no lo había hecho hasta ahora por miedo a equivocarme o por no saber cómo hacerlo.

Trabajo en mi hospital actual desde hace dos años y medio. Previamente estuve trabajando durante dos años largos en el Hospital del Mar. Llegué allí de forma casual, y era un sitio muy interesante para trabajar, por lo menos para mí: por las características del hospital y de la población a la que se atiende, y por el tipo de servicio, que me permitía ser pediatra para todo, de forma que aprendía muchas cosas y no dejaba de ser bastante polifacética, algo que uno tiene justo cuando acaba la residencia.

El servicio era muy peculiar. Había algunas relaciones un tanto especiales y una forma de funcionar bastante diferente a lo que yo había vivido en otros centros. Por la mañana se hacían pases de visitas y ahí cometí mis primeros errores. Se supone que el pase de visita entre el personal facutativo sirve para que todos los médicos del servicio conozcan la historia de los pacientes que hay ingresados pero también para intercambiar ideas. Y lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro. Y a veces se cuestionan tratamientos o pruebas o determinadas decisiones. ¿Por qué no? La medicina no siempre es blanca o negra. Y digo que cometí mis primeros errores porque opinaba. Y opinaba según mi corta experiencia, pero viniendo de formarme en un sitio pionero y excepcional. Al jefe no le sentaba nada bien. Tiempo más tarde, cuando ya las cosas iban mal adopté la actitud de otros compañeros: escuchar estoicamente el rollo de siempre, por los de siempre y hablar lo mínimo.

Durante el primer año las cosas fueron más o menos bien. Un buen día el jefe me llamó a su despacho y me ofreció irme a trabajar a atención primaria. Yo lógicamente le dije que no me interesaba, yo acepté ese trabajo porque quería trabajar en el hospital. De alguna manera se me quiso sacar de encima. Para acabar de liar el tema para entonces ya estaba embarazada de Irene.

Cuando cogí la baja maternal no sabía si me renovarían mi contrato. El contrato temporal sumaba dos años justo durante mi baja y tenía que pasar a una interinidad o irme a la calle. Las insinuaciones del jefe iban en la línea de no contar conmigo. Así que me fui a parir sin saber si al acabar mi baja maternal tendría trabajo o iría a engrosar las listas del paro.

Durante mi ausencia se multiplicaron los mensajes negativos. Fue una época terrible desde el punto de vista laboral, por la incertidumbre y por la ingratitud. Por suerte yo estuve volcada en mi pequeña intentando minimizar el impacto negativo de toda esta experiencia.

Casualidades del destino, unas semanas antes de la fecha de mi hipotética incorporación, una de mis compañeras renunció a su plaza fija. Con poco margen de maniobra y con dificultad para cubrir todos los turnos y guardias, no tuvieron más remedio que proponer mi interinidad. Entonces, tras meses de incertidumbres y mensajes capciosos, todo eran prisas para que volviera: dificultades para hacer las vacaciones, dificultades para el permiso de lactancia, dificultades en todos los sentidos.

Me incorporé con la mejor de las actitudes. Cumplí como nunca. Pero empezó el ataque de verdad. Boicoteaban todos mis trabajos, cuestionaban todas mis decisiones ante los pacientes. Me revisaban todos los informes, le hablaban mal de mí a otros compañeros. Llegaron a intentar que una residente me denunciara ante Recursos Humanos e incluso consiguieron que unos estudiantes firmaran una carta en mi contra.

Fui a Recursos Humanos a explicarlo. Tuve miedo de que me metieran en un lío de verdad y acabar viendo mi nombre en las páginas de sucesos de cualquier periódico. Casualmente no era la primera que explicaba malas prácticas en el servicio. Además tenía algunas pruebas suculentas. Se inició una investigación, que acabó demostrando que había una situación de acoso hacia mi persona, aunque paradójicamente no se sancionó a nadie a pesar de que en el convenio colectivo ese tipo de faltas estaba castigada.

Paralelamente a la investigación salió mi plaza a concurso. Es una circunstancia altamente sospechosa porque una vez abierto un proceso por mobbing no se debe convocar ningún movimiento laboral de las personas implicadas. Precisamente porque los jefes tienen mucho peso en la adjudicación de las plazas. De las tres personas que teníamos una interinidad reciente (de hecho yo fui la última incorporación) sólo salió mi plaza. Qué casualidad, no? Y además salía mi plaza -yo estaba en Urgencias- pero el perfil solicitado era diferente del que uno espera para una plaza de Urgencias (un urgenciólogo pediátrico en Barcelona ¿debe ser especialista en medicina tropical?)

Presenté toda la documentación a sabiendas de que la cosa pintaba mal. Consiguieron que se presentara una candidata afín a ellos. El currículum tenía datos falsos, estoy completamente segura. Además los currículums se puntuaron mal (cuando fui a revisarlo me habían contado mal los puntos y se negaron a enseñarme el de la otra persona). Conseguí que mi jefe no formara parte del tribunal. Aunque ya se encargó él de mover los hilos en consecuencia. Y no me dieron la plaza. La cual cosa en su momento fue incluso una liberación, después del sufrimiento de los últimos tiempos.

Mañana más....

15 comentarios:

Marina dijo...

Personalmente no he sufrido acoso, pero sí mi hermano en su antigua empresa. Era más o menos como tú lo estás contando. Mi hermano acabó dimitiendo, pero enviamos una carta explicando los motivos a la central de la empresa y sancionaron al jefe de mi hermano. No obstante, él ya tuvo que abandonar el trabajo. Afortunadamente, enseguida encontró otro donde está mucho mejor.

Tita dijo...

Querida Amalia: nadie que no haya pasado por esto alcanza realmente a entender el gran sufrimiento que conlleva. No sé en tu caso, pero yo añadiría, por en el mío, que lo peor fueron aquellos "pseudocompañeros" que justificaban las maniobras de los jefes porque te minan la autoestima y ya te planteas si no tendrán razón.

Menos mal que había muchos otros sosteniendome (nos, eramos 2 embarazadas) no nos engañemos. Añade a que resultaramos algo incómodas, el hecho de embarazarnos ¡como se nos ocurre!

Yo tuve que renunciar, porque ya no podía luchar más y en algo tenía que ceder, a la jornada reducida, por una media jornada (con la mitad de cotización, claro)
Eso sí, más cerca de mi casa, conservando el trabajo, y en un sitio diferente del de mi jefa.

Un abrazo

pseudosocióloga dijo...

Que horror, que injusto.De todos modos yo soy de las que creo que a todo el mundo le llega su momento, paqra bien y para mal.

brizas dijo...

Impresionante tu relato. Es difícil denunciar los casos de mobbing y experiencias como la tuya se repiten muchas veces pero quedan ocultas.
Dices que tuviste miedo y lo entiendo, son muchas las personas, generalmente mujeres, que viven situaciones parecidas y no se atreven a denunciarlo públicamente, cosa que se entiende.

Por eso creo que contar tu experiencia es muy positivo y facilita que otras vean que no son las únicas que sufren esa situación, que no es culpa de suya.
Saludos
Ángeles Briñón

Júlia dijo...

Hola Amalia, después de lo que cuentas, más mi experiencia personal, no me extraña que el servicio de pediatría de urgencias del Hospital del Mar no sea de mi agrado.

Hace unos tres años y medio, mi pequeña, que entonces tenía año y medio más o menos, tropezó en las escaleras en casa y empezó a sangrar a lo bestia por la boca. Corrí a urgencias del Hospital del Mar (el que me toca por zona), nos atendieron muy rápido y enseguida tuvimos diagnóstico: se había partido una membranita que une el labio superior con las encías y, atención, había que anestesiar para coser.
Yo no soy médico, pero áquello me pareció un poco exagerado ya que, a la que dejaban de marearle la herida a la pequeña, dejaba de sangrar.

Por suerte, tengo un familiar en San Joan de Déu, al que llamé y me dijo que sacara a la peque del hospital y me la llevara al suyo, ya que, efectivamente, ese tipo de lesiones, a no ser que afectaran las encías, no precisan sutura. La peque llegó dormida a San Joan de Déu y la herida se cerró por el camino. No era más que un simple corte en la membranita.

Aún recuerdo lo mal que me trataron en el Hospital del Mar cuando les dije que me negaba a firmar el consentimiento de la intervención y la anestesia, y que me llevaba a mi hija a otro hospital. Más tarde, una enfermera me animó a poner una demanda por negligencia a los pediatras de este hospital, pero no lo hicé. Ahora, simplemente no voy.

Cristina dijo...

¡Vaya plan! Parece mentira que haya gente así de ruin. En mayor o menor medida eso pasa en todos los trabajos. Ningún jefe tolera que les corrijan o que les planten cara, como si en el puesto les viniera la infalibilidad. Perdón, no pasa con todos los jefes, sólo con los inseguros y con los incompetentes. Los que hacen bien su trabajo no sufren porque alguien les lleve la contraria.
El único consuelo que se me ocurre para darte es que te has librado de seguir en un sitio intoxicado. Esos centros de trabajo no mejoran con el tiempo, sino al revés. Ya encontrarás un trabajo en el que te valoren de verdad, donde puedas desarrollarte. Mientras, tu antiguo jefe seguirá jodiendo a quien tenga por debajo y se irá a casa henchido de orgullo por su Poder. Pero cuando llegue allí, a solas, le golpeará en la cara toda su infelicidad y su amargura. Porque la gente así nunca es feliz. Que se jodan, por malos.

Anónimo dijo...

Ufff, gallina de piel. He pasado por ello, hace ya unos años. Solo puedo decir, que el tiempo pasa, por suerte. Y con el tiempo las cosas se relativizan. Yo ahora, pues estoy muy bien. Pero lo pasado, pasado está. Te mando un beso.
onada

María dijo...

Ufff, menos mal que sabemos que hay un final feliz, porque la historia pinta realmente dura.
Gracias por compartirlo y definir claramente una situación habitual y dificilmente reconocida por el entorno del afectado.

ecriteriumes dijo...

Espero a mañana. Muy importante que puedas publicar esta historia. Gracias por hacerlo.

Sophie dijo...

Se me han puesto los pelos de punta, qué historia más dura. En todas partes cuecen habas y en algunas se les va la mano. Menos mal que has avisado que la cosa terminó bien,espero encontrarme con un final feliz en el que no sólo estés trabajando a gusto en tu hospital sino que quienes te atosigaron tanto fueran castigados...

Azulitoclaro dijo...

¡Qué mal!
Espero la segunda... con la tranquilidad de que te libraste de algo feo. Mal ambiente, mal jefe, malas prácticas... Si era bueno para tu trabajo, no debía ser igual para tu espíritu.

Ramón dijo...

Hablaré después de leer la segunda parte. Toda mi comprensión y un fuerte abrazo. (En todas partes cuecen habas, más con las embarazadas, y el mobbing en la sanidad pública NO EXISTE)

María dijo...

Es vergonzoso que no se les sancionara, que sacaran la plaza en mitad de todo el proceso...y vergonzosos los chanchullos que hay en sanidad con las plazas con "perfil". Yo he tenido la suerte de trabajar siempre con buena gente, y no puedo imaginar lo que has pasado. Pero como decían antes, el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio; y tu conciencia tranquila y tu satisfacción personal por el trabajo duro y bien hecho no te la puede quitar nadie.

A. dijo...

Deseo que ahora estés bien y te agradezco que hayas contado tu historia públicamente, hace falta que todos nos concienciemos de esta lacra de la sanidad. Yo fui víctima de mobbing en mi anterior hospital, me armé de valor e intenté pelear en todos los frentes pero todos los que tenían alguna competencia y/o responsabilidad(dirección de personal, gerente, inspección de trabajo, sindicato, "compañeros") se lavaron las manos o miraron a otro lado. Lo peor, ver que los "compañeros" le seguían el juego al acosador (¿miedo a ser el siguiente objetivo?), y lo mejor, saber que por muy mal que estuviera (y estuve fatal) nunca sería uno de ellos. Aprendí mucho y descubrí lo fuerte que soy y los apoyos que tengo. Mucho ánimo a todos los que estén pasando por algo similar.

Gabriela Acedo Emmerich dijo...

He sido, como otros muchos, víctima de acoso laboral y con el objetivo de divulgar al máximo este tema he creado el blog "Del acoso laboral y mobbing y sus graves consecuencias sobre la salud física y psíquica. Anorexia nerviosa".
http://gabrielaacedoemmerich.blogspot.com
Os invito a que lo visitéis.

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