Esta entrada no es exactamente la segunda parte del que escribí anteayer, pero tiene relación. Iniciando la serie de la sección que os insinué el otro día que aparecería en el blog, no podía dejar que este tema de la comida no fuera el primero. Si leéis hasta el final entenderéis por qué.Os adelantaba que yo de niña fui una clásica "niña que no me come". Supongo que mi madre estuvo influenciada tanto por los efluvios de la postguerra - tiempos en los que los niños no comían lo que debían por motivos obvios y estar saludable era sinónimo de cara redondita- como por una pérdida de peso al nacimiento nada despreciable, que llegó a los 500 gramos. Nací con 3 kilos y a los pocos días pesaba 2 kilos y medio. Posiblemente una mala técnica de lactancia materna en una madre primeriza en la edad de oro de la lactancia artificial contribuyeron a que me fuera de un pelo acabar ingresada con un suero.
El caso es que nunca comí bien. Mi madre lo llevaba con cierta elegancia pero por puro desespero acabó cocinando para nosotras a la carta. A partir de los 5 años empecé a comer en el comedor del colegio. Y seguí comiendo mal. Mi inteligencia me sirvió para encontrar la manera de escaquearme de la comida en un cole de monjas de principios de los ochenta. Aprendí a sentarme al lado de niñas que zampaban como bestias para que se comieran su plato y el mío, también mil formas de esconder y hacer desaparecer la comida, incluso logré alianzas con las señoras que vigilaban el comedor, de forma que ya sabían de qué comidas servirme bien poco y en qué punto disimuladamente para que las monjas no entraran en cólera, hacer desaparecer mi plato como por arte de magia. No obstante más de una y de dos veces, estaba a las tres de la tarde todavía en el comedor con una bola en la boca, habiéndome perdido todo el patio, y aliviada por el sonido de la campana que anunciaba que se reanudaban las clases y que la tortura había acabado (después de dos eternas horas pegada a la silla). Las monjas me amenazaban con darme la comida ellas, y me daba pánico, aunque no recuerdo que nunca cumplieran sus amenazas (aunque yo había visto como Sor Socorro, que era una tiarrona enorme de más de 100 kilos, lo hacía con alguna niña, y sólo pensarlo me acongojaba!)
Los años pasaron. Muchos alimentos no los había ni probado, siempre comía como un pajarito. Yo no disfrutaba con la comida, comía porque había que comer.
Conocí a mi marido, que fue educado de otra manera: La comida no se deja en el plato y hay que comer de todo. Comía de todo y en cantidad, y disfrutaba (y disfruta) comiendo.
Y luego nacieron las niñas. Aunque mi marido ha contribuído en gran medida al cambio en mi percepción de la comida, a mí me han enseñado a comer mis hijas. ¿Por qué? Porque los niños aprenden con el ejemplo. Porque nunca intentas que los menús sean tan equilibrados como cuando tienes hijos. Porque es insostenible ser 4 personas y hacer 2,3 ó 4 menús en una casa.
Así que a mis treinta y tantos creo que he aprendido a comer. Incluso he aprendido a disfrutar comiendo. Y consuelo para madres y padres recientes desesperados: no me he muerto por el camino, más bien todo lo contrario...
Aunque os confieso que sigue habiendo alimentos que no me gustan y otros que ni pruebo. Y tampoco creo que sea grave....Es más (y esto ya casi es de confesionario) me da cierto repelús ver como mi pequeña y su padre devoran la coliflor!






15 comentarios:
yo odiaba la enssaladilla pero pq con la xecusa mi abuela me cociaba macarronesmmmmmmmmmmmmmmm que sabor!!! oye y que no consigo hacerlos igual ché
Muy bueno tu relato.¿Cuántos adultos comemos y nos gusta TODO? por ejemplo, desde que tengo uso de razón (¿tenía 3 ó 4 años?) detesto la leche y los yogures. Obviamente no me , tampoco sufro de "falta de calcio o hierro".
Amalia, hoy te has coronado!!! si es que me has descrito palabra por palabra, a mi la cocinera ( que no era monja) cuando se iban estas me quitaba el plato que no me gustaba y me hacía huevos fritos jejejejeje.
Y al igual que tu, estoy empezando a comer por mis hijos, y mi marido que es de buen comer hasta me esta enseñando a disfrutar. Ahora mi hijo no come nada de nada, pero lo prueba todo y todo le gusta, asi que yo no presiono, que pruebe y que coma aunque sea poco, pero no le doy otra cosa y la verdad es que no me va mal. Es más con 19 meses el solo ha decidido que ni un puré más, que quiere comer exactamente lo mismo que nosotros y cuando nosotros y bueno pues eso es lo que hago y la verdad es que me va bien.
P.D yo comí durante 10 años en el cole y lo unico que consiguieron fué que odiarala comida
jajaja, que gracioso me ha parecido el último comentario sobre la coliflor.
Yo soy como tu marido... y mi hija, me parece que como tú. De momento acepta el plátano, el pan, la mandarina, el petitsuise... y por supuesto la teta. ¡Pero ya tiene siete meses y medio¡ y aún no he conseguido con los potitos o el biberón de leche, que me insistió mucho la pediatra nueva... En fin, ella está gordita y tal, pero me preocupa que no quiera comer nada más. Vamos, jamás lo habría imaginado ya que su padre y yo comemos de todo y bien, y mi otro hijo igual... En fin, seguiremos intentándolo...
¡buen finde! :)
Mi experiencia es igualita a la tuya. Somos de la misma edad y muchas veces me identifico contigo. Yo de pequeña también comía muy mal y estaba como un palillo, pero no me ponía mala nunca. Y ahora disfruto muchísimo probando nuevos ingredientes, cocinando y comiendo. Afortunadamente no estoy pasando con mi hijo la tortura que mi madre debió de pasar conmigo. El enano es un comilón! ¿A quién habrá salido?
Yo también fui una pésima comedora. Mi madre ha sufrido mucho con mi hermano y conmigo. El pediatra no se explicaba lo sanos que estábams pesando tan poco, y cuando nos veía desnudos en la consulta decía preocupado: "ay, estos niños en la playa, qué pensará la gente de su pediatra..."
A día de hoy sigo siendo un espagueti. Tengo 35 años y peso 42 kilos. La lactancia no me está ayudando, ya que me he quedado tan delgada o más que cuando me quedé embarazada (durante el embarazo mi madre vio encantada cómo engordé lo que me correspondía y lo que me faltaba, todo junto: me puse con 16 kilos de más). No diré que como mucho, porque no es cierto, pero como de todo: legumbres, verduras, pasta, carne, pescado... eso sí, no me gusta cocinar, lo que limita mucho mi menú. Ahora sé que me tengo que poner las pilas en este asunto, porque una cosa es malcomer cualquier cosa cuando no se tienen hijos, pero ahora tengo una responsabilidad muy grande, y no quiero equivocarme. Me alegro muucho de haber comido de todo en mi infancia (aunque fuera poco), y no entiendo cuando algunos de mis amigos hacen ascos a alimentos tan básicos como el tomate, las patatas o el queso.
Me interesa este tema de la alimentación, y quisiera que ahondaras en él. Ahora mismo mi bebé tiene seis meses y tengo dificultades para introducirle nuevos alimentos. No quiero obsesionarme, pero ya me han pegado un toque con el peso del niño y aunque intento guiarme por mi instinto las inseguridades de primeriza hacen que no deje de pensar en ese dato.
Gracias por contarnos tu experiencia.
Es curioso que haya tantas coincidencias. Yo tampoco comía de todo, auqneu ahora he decubierto que mi madre sólo cocinaba lo que a ella y como a ella, le gustaba.
Cuando empecé a salir con mi marido, que también es de los que no deja ná en el plato, tuve que reformarme, y empezar a porbar cosas fuera de casa ... y me gustó.
Hoy, sólo hay una cosa que detesto: las coles de bruselas. Creo que con lo demás, puedo.
Mi hija, tiene etapas. Pero a sus casi 4 añitos, no le digo no a nada que quiera probar. Otra cosa es que luego encima le guste.
A mi me da un poco de rabia cuando la gente se mete conmigo porque no como "de todo". Es que a ti te gusta "todo" tipo de música, "todo" el mundo y te gusta "todo" de "todo"? Seguro que no. Yo no estoy desnutrida, como variado y si no me gustan ciertas cosas es mi problema. Que pesados son con el tema de verdad. Y la perlita viene cuando mi suegra dice "A ver si cuando la niña empiece a ir al colegio le metes en el comedor y aprende a comer de todo, no como otras". Señora, y usted pesa 120 kg. y debería aprender a no comérselo todo y me lo callo!!
jajaja. En casa de mis padres éramos 6, y siempre había 2 ó 3 menús. De hecho, mi madre sigue haciendo platos diferentes según quien vaya a comer (¡qué penita, por Dios!).
Yo como de todo, pero de sopa y calditos, lo mínimo. También me pongo enferma al ver a mi marido y a mi hijo pequeño comer platos y platos de sopa, y van repitiendo hasta que se vacía la olla. puaj....
Yo siempre he sido de buen comer, aunque he tenido típicas rachas de "odio las lentejas" u "odio el arroz", pero con el tiempo las he ido superando. Como de todo, me encanta comer, y en casa hago una cocina bastante equilibrada porque prescindo por ejemplo de toda clase de fritos, por mi colon irritable.
Mi hijo por fortuna es de buen comer, nunca le ha gustado la papilla de frutas y siempre se ha comido la fruta al natural (plátano maduro, pera de agua y estas frutas blanditas...), no hemos tenido problemas en los purés de verduras con pollo o pescado, pero hunbo un momento en el que rechazó los purés porque quería "comer". Yo lo achaco a que siempre hemos compaginado nuestros horarios, es decir, Iván siempre ha comido con nosotros, aunque el solo comiera puré, pero comía a la vez que nosotros, aunque eso supusiera que o mi marido o yo comiéramos a otro ritmo. Desde más o menos el año come sólido, lo mismo que nosostros, y eso que fue tardía para los dientes, pero qué bien se las apañaba para masticar. Y yo creo que ha comido por imitación, "si mis papis comen eso, yo también quiero". Y lo que he hecho es adaptar las comidas, cocino siempre para que podamos comer los 3, así que si cabe gracias a Iván comemos aún más variado y equilibrado. Hoy toca una rica lasaña de verduras, y puedo decir que mi hijo come de todo y con gusto.
HOla. Tienes un premio en mi blog. Saludos!
eso me pasa a mi con la lechuga (ensaladas en todas sus variantes) NO ME GUSTA, y la he probado,q asco, respeto que a la gente le guste, pero no lo entiendo, como con el vinagre, q ascooooo, mi hijo de momento come de todo, es un fiera. Espero que siga así
Yo también fui una pésima comedora: nunca tenía hambre y la mayor parte de los platos no me decían nada. Mi madre me hacía comer un poco de todo, pero nunca me forzó (ella también había sido niña malcomedora)y, como resultado ¡ale hop! maduré, conocí el apetito y ahora como bien y de todo (excepto sesos ¡puaj!). Curiosamente, en un momento de desesperación hizo eso que condenas tanto: me dio un jarabe para abrir el apetito durante una temporada. Curiosamente, funcionó.
Yo aún hay cosas que no como aún, como la lechuga y el tomate, pero a las niñas intento que lo coman, también mi marido lo come, lo que no tenemos nunca en casa es queso, lo odiamos tanto mi marido como yo, él más aún, y a las niñas les encanta a las tres, y en casa de mis padres lo comen, así que hay cosas que aunque no ven comer en casa lo comen igual.
Acabo de leer tu relato y me he visto reflejada.. yo también he sido una mala comedora...me hacían un menú especial en casa y a mis treinta y tantos aprendí a comer.. no veas los deliciosos platos que me he perdido...todo fue una vez que me fui a vivir en pareja y empezamos a disfrutar cocinando y cenando fuera. Y ahora más todavía al tener a dos peques.. pues tienes que ser un poco creativa con los menus para poder motivarlos.. por cierto se heredará esto de ser inapetente? pues que casualidad que mis dos peques muy glotones no son.. :))
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