Desde muy pequeña he tenido una desgracia como otra cualquiera: ser candidata (muy) periódica a visitas al dentista. Con el paso del tiempo y el empeño de mi madre primero y mío propio después, creo que no me queda pieza dental indemne y que no haya sufrido algún zurcido, retoque o apaño hasta que la cosa aguante. Empastes a doquier, ortodoncia en mi tierna infancia, fundas y nervios anulados, incluso un injerto de mucosa del paladar en parte de mis encías. Sólo me falta probar las maravillas de los implantes, pero estoy casi segura de que todo se andará. En fin, un rosario de tratamientos, de dineral invertido y de recorrido por diferentes gabinetes odontológicos.Si bien algo genético debe haber porque mi padre tiene toda la boca artificial, me he esmerado en cuidar mis dientes como un bien preciado y luchando contra el destino de la doble cadena de ADN. Y ahí estamos. Y esto me recuerda que me toca cita (qué tortura!)
Con mi marido siempre hemos bromeado un poco con el tema. Como él era un miope rematado aderezado con un buen astigmatismo y fue durante tiempo pasto de oftalmólogos y optometristas, siempre comentábamos que esperábamos que la genética fuera generosa con nuestra descendencia y nuestros hijos/-as tuvieran de mi parte los ojos y de la suya, la boca. Mis ojos porque siempre he tenido una agudeza visual que quita el hipo (lástima que una se hace mayor y la presbicia está a la vuelta de la esquina) y su boca porque creo que no debe llevar ni un solo empaste, y eso que no se cuida ni la mitad de lo que lo hago yo. Con los años su desgracia ha venido a bastante menos, pues hace casi dos años posó por breves segundos sus córneas debajo del láser y le han quedado unos ojos de estreno. Sin gafas, sin lentillas y sin recuerdo alguno de toda su vida anterior en la que si se levantaba y no tenía las gafas al lado de la cama, estaba hundido en la miseria.
La revisión dental de las niñas ya tocaba desde hace tiempo. Hace unas semanas os conté que llevé a las niñas a revisar la vista. Y la boca estaba por mirar....Me sonrojo si pienso que Irene estaba pendiente de su primera revisión. Y que a Laia la había llevado antes de que naciera su hermana, y de eso ya en breve hará cuatro. Ssssshhh! No se lo digáis a nadie, pero no sigáis mi ejemplo (visitas anuales en general y semestrales si hay algún problema)
Ayer fuimos a la visita en mi hospital, que tiene un servicio de odontopediatría de renombre. El detonante de no dejarlo para mucho más allá es que Laia lleva mellada un montón de meses. No sé si recordáis una entrada de febrero en la que explicaba los primeros viajes del Ratoncito Pérez a casa, y el día que Laia se tragó uno de sus dientes de leche. En pocas semanas desde entonces, cayeron 6 piezas de leche. El caso es que sus 2 incisivos superiores no han salido.....y ya han pasado bastantes meses. Aunque la odontóloga hace unos días (comentarios de pasillo, muy típico entre médicos) me advirtió que a veces puede pasar un año antes de que salgan, yo ya empezaba a estar un poco mosqueada. Vaya, que no entiendo por qué se caen unos si los otros no están preparados, pero parece que esto es así. Cosas de la naturaleza. Y efectivamente Laia los dientes los tiene. En la radiografía se ven clarísimamente, sólo que no están maduros para salir y es posible que todavía tarden un poco. Pero atención en la revisión dos hallazgos -tierra trágame- que me recuerdan a mi propia vida: ¡dos pequeñas caries en sus recién estrenados molares!
En unos días tenemos que volver para empastarlas. Ayer sensibilización extrema, cepillado como nunca (incluso me dejó que la repasara, algo inédito) y sin despiste con el enjuague de flúor. Pobrecita lo que le queda por delante.
En cuanto a la pequeña, todo bien. Bueno, bien la boca. El espectáculo que montó para que le pudieran ver los dientes fue de aúpa. Y eso que nos habíamos entrenado en los últimos días para llegado el momento abrir la boca como un león. Supongo que toda la sala de espera se enteró que la hija de la coordinadora de Urgencias estaba organizando un sidral. Sin comentarios....
PD: A propósito del tema, un enlace interesante sobre diversos aspectos relacionados con la dentición en los más pequeños






2 comentarios:
Yo tengo pánico al dentista, y de niña me asediaban los flemones y las inflamaciones, con el consecuente dolor. Mi boca a la vista no está mal, me la cuido lo necesario, pero reconozco que no voy al dentista por pánico ya que me llevaron con la tierna edad de 12 años y el cuidadoso profesional que no voy a mencionar intentó hacerme los empastes a pelo, sin antestesia. Todavía recuerdo el dolor que me provocó, y por supuesto, no tengo los empastes acabados. Pero han pasado 20 años y salvo en una ocasión que me tuvieron que quitar una muela, no he vuelto a tener dolor, que es lo que más temo. Por hacer deberá hacerme un montón de cosas, incluyendo ortodoncia, pero de momento tiro bien así y ni me planteo sufrir un tratamiento odontológico.
Yo, como tú, espero que la genética sea generosa y mi hijo herede las cualidades bucales de su padre... en mi caso, la miope también soy yo jajaja
Dios me veo refleja en ti al dentista desde que tengo uso de razón, empastes de oro de aquellos de antes de todo, Además yo sin anestesia mi madre no distinguia entre anestesia general y dormir una muela así que a pelo hasta los 16 que me nege.
Y es genético yo he heredado su boca dientes malos nunca tome chuches no me gustan me he cepillado los dientes tres veces al dia desde que tengo conciencia y en cambio mi hermana ha heredado la de mi padre, una intolerante a la lactosa que nunca tomo calcio tienen una boca de anuncio sin una caries, perfecta, eso si tiene un colmillo de leche todavia y tiene 37 años pero entero y sin picar es alucinante.
Un saludo
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