
Hace unos días Ana, la Dra. Jomeini escribió un post sobre un niño llamado Diego en su blog. El texto es emotivo, triste y profundo y os recomiendo que no os lo perdáis (aunque advierto que despierta la melancolía). Ciertamente tratar a niños que están en los últimos días de sus vidas o que viven situaciones muy graves no es un trago agradable. Por suerte existen muchos pediatras y enfermeras entregados y con una sensibilidad especial y que se ocupan de su bienestar aunque el esfuerzo sea exclusivamente en mejorar la calidad de vida de un ser que se apaga.
Aunque nos hayamos desacostumbrado con el paso de las décadas, con los avances tecnológicos y con el preciado tesoro que representa la infancia en los tiempos que vivimos, en ocasiones los niños se mueren. Por fortuna, nada que ver con nuestros antepasados, que tenían hijos a sabiendas que un porcentaje no despreciable de ellos no llegarían a ser adultos.
Los niños mueren y parece antinatural. Nadie espera tener un hijo y tener que enterrarlo, lo lógico es que tú mueras antes que tus hijos. Por eso la pérdida debe ser tan enorme, que no sé si uno se recupera en la vida de ese golpe.
A nivel profesional me he tenido que enfrentar con la muerte infantil y con la enfermedad severa. En especial rotando y haciendo guardias en la UCI pediátrica, en menor medida en la UCI Neonatal y también rotando por la especialidad de Hemato-Oncología.
La UCI ya es de por sí un sitio hostil. Afortunadamente la mayoría de niños acaban superando sus problemas mejor o peor parados. Seguro que en eso no tiene nada que ver con una UCI de adultos. Sin duda los peor parados suelen ser los niños con traumatismos graves. La propia estancia en la UCI ya es un factor de riesgo por la cantidad de gérmenes que pueden causar una infección severa aunque el motivo de ingreso sea otro diferente. Mi rotación en la UCI pediátrica fue bastante traumática, en parte porque fui bastante al principio de mi residencia. Casi no sabía pautar biberones y ya tenía que vérmelas con niños conectados a cincuenta cables y bombas de infusión.
En cambio la rotación en Hemato-Oncología fue mucho más tardía, ya era residente de cuarto año. Solicité esa rotación básicamente para perderle el miedo, para aprender algunos protocolos muy específicos y saber manejar bien las transfusiones de hemoderivados. Aprendí mucho, el equipo era fantástico, pero en lo más profundo de mi alma estaba deseando que acabara. La visión día tras día de esos niños pelones, sometidos a medicaciones tremendas e invasiones descaradas con catéteres y punciones, acaba haciendo mella supongo que a menos que se convierta en tu modus vivendi. Justo estando en esa rotación viví la muerte de mi abuelo, que fue un mazazo importante y que me sumió en una tristeza inmensa que acrecentó mi malestar entre los pacientes oncológicos.
En Urgencias no os penséis que nos libramos del todo de estos sustos. Niños a los que hay que intentar reanimar por una parada cardiorespiratoria tras una aspiración de cuerpo extraño o tras un traumatismo o tras episodio de muerte súbita del lactante....Y es el lugar donde la muerte impacta de forma más tremenda en las familias. Por súbita, inesperada y no invitada.
Al igual que expresa Ana, resulta especialmente doloroso cuando los niños te recuerdan a los tuyos, ya sea por edad, aspecto físico o gustos en común. Recuerdo como en mi primera época de adjunta de Urgencias, tuve que consolar a una de mis compañeras de guardia: bajaba de la planta desmontada porque acababa de firmar el certificado de defunción de un niño enfermo de cáncer que había nacido el mismo día que su hijo mayor.
Como le decía en un comentario a la Dra. Jomeini, nuestro trabajo sigue teniendo significado y hay que seguir a pesar del dolor y a pesar de que las esperanzas sean pocas. Porque cuando a esos niños los tratas con afecto, los acompañas con la mirada y les preguntas sobre sus personajes favoritos de dibujos animados, aunque no lo parezca les estás regalando un camino un poco más fácil. Y también a sus familias. Y así es como debe ser.
Aunque siempre nos quejemos de otras cosas, en realidad ésta es la peor parte de ser pediatra. Y seguramente muchos profesionales renuncian a hacerse médicos de niños por no tener que enfrentarse a ello.






15 comentarios:
Roté durante 15 escasos días por Oncología pediátrica. Después de aquello, le cogí asco al olor a Aloe Vera. Después de cada paciente nos echábamos la loción antiséptica.
DE verdad, qué mal lo pasé...
Por otodas estas cosas y muchas más os admiro enormemente, porque sois capaces de hacer sonreir a niños y familias a las que no les quedan fuerzas para hacerlo, porque esáis ahi fuertes a su lado (aunque por dentro, lo paseis francamente mal, como bien has contado)
Me encantan los niños, de ahi que me sacara educación infantil y trabajar con ellos durante años, pero reconozco ser muy debil y tener poca entereza cuando veo sufrir a alguno de ellos, me derrumbo.
Asi que mil gracias a vosotros los pediatras y enfermeras/os por estar ahí
Saludos
pd: nunca lograré entender que un niño casi recién nacido muera, es lo mas ilogico de la vida para mi
Leí el post de la Dr. Jomeini, es tremedo. Mi hija tuvo que estar en la UCI de neonatos y allí fuí consciente del valor profesional y humano de quienes trabajan en estas situaciones.
Saludos,
No se si a eso se nace o se aprende. Si se nace con ese caracter especial que teneis los médicos y enfermeras, pues entonces yo no lo tengo. Y no se si sería capaz de aprender a trabajar con la pérdida de pacientes.
Desde fuera creo que solo vemos el lado más "idilico", el de curar a los niños. Pero la realidad es más dura y a veces sí lo he pensado, yo no sé si lo aguantaría. Creo que no...
También he vivido ésas situaciones en el hospital y creo que ha los médicos nos han enseñado en las facultades sólo a curar pero no ha ayudar morir. La medicina tiene dos objetivos gemelos de igual importancia que son:
1º- Prevención y curación de la enfermedad.
2º- Paliar el sufrimiento.
Sabemos que los que sufren no son los cuerpos sino las personas y los médicos hemos de cambiar nuestra mentalidad de curar a base de actuaciones agresivas,tanto para el niño como para la familia,por una actuación lo más placentera posible y siempre con la máxima comunicación con padres y hermanos.
Todas las personas tienen que morir sin dolor, sin angustia y de una forma de total serenidad.
Por suerte, sólo en tres ocasiones me he tenido que enfrentar a la muerte de un niño (en realidad uno tenía 18 años, pero con S. Down), yo soy de los que he hecho una especialidad donde no tenga que atender niños (DUE del Trabajo) por que no lo puedo soportar y más desde que soy multipadre. Es admirable vuestro trabajo. Por experiencias de compañeros, ni siquiera cuando se convierte en tu modus vivendi deja de afectar.
La pérdida de un hijo no se supera nunca. Cualquier padre o madre, de cualquier hijo de cualquier edad y que haya vivido otras muertes para comparar, siempre tendrá la herida de los hijos presente.
No quiero ni pensarlo, no obstante sigue siendo bastante tabú en nuestra sociedad. Ya lo es la muerte...así que la de los niños ni hablamos. Cuando hice la carrera había un corto tema dedicado al consejo y orientación de los padres con niños con enfermedades graves-mortales. Me resultó casi imposible de estudiar por el malestar que me producía. En clase fue de los temas que, desgraciadamente se cerró por parte del profesor (padre) con un rápido ¿alguna duda? pasamos a otro. Nadie quería profundizar ni darle más tiempo.
Una pena, y una cobardía por nuestra parte. He aprendido a apreciar enormemente la labor que los médicos hacéis más allá de la medicina, así como la de aquellos colegas míos que no temen arremangarse para acompañar padres e hijos en estos trances.
Un abrazo
El otro dia escribia en el blog que el mundo necesita urgentemente humanizarse. Supongo que tiene que ser duro de narices, pero espero que Dra. Jomeini, tu compañera que lloraba al firmar ese certificado y tu sigais siendo tan humanas. Porque esa calidez especial se transmite al trato con los pacientes. Y vivimos en una epoca en que es parte importante del tratamiento.
Un supersaludo
el otro dia lei la entrada de la Dra. Jomeini pero blogger me da problemas y no quiere que comente... es durisimo ver como un niño se va apagando, los medicos no son de piedra y tambien les afecta, cuando tenia a mi hija en neo, enchufada a todos los aparatos me consolaba ver como habia profesionales que la trataban con tantisimo cariño, que le hablaban a pesar de estar completamente sedada, que la besaban, ver ese cariño es lo que a los padres nos hace saber que estan en buenas manos, tengo una amiga que perdio hace 7años a su hijo por cancer, su hijo que nacio cuando mi niña se salvo de milagro de muerte subita y te puedo asegurar que ella al menos no supero la muerte del niño ni el miedo que paso con el pequeño, yo por suerte puedo respirar tranquila, mi pequeña estuvo al borde de la muerte el dia que nacio y el dia que la operaron, hoy casi 17meses despues esta feliz y sana pero no siempre es asi y no quiero imaginar lo que se siente al ver como un niño se va...
Cuando me hacen la típica pregunta de "Y qué especialidad quieres hacer?" siempre sale el tema de "Pues pediatría es muy bonita, y además se te mueren pocos pacientes" Sí...pero estoy segura de que esos pocos tienen que doler y clavarse en el alma como muchos pacientes adultos.
Un beso
Hoy por hoy, la pediatría es de las especialidades que más me gusta... ahora en septiembre que aún no tengo clases voy a estar por el servicio rotando... Y precisamente lo que relatas en el post es lo que me tira para atrás... Veremos si soy capaz y al final lo consigo... o si cambiaré de idea...
Un saludo
Dentro de mi especialidad (la ORL), me ha sorprendido la ORL pediátrica por su buen pronóstico.
Sin embargo, una vez tuve que enfrentarme a una de estas situaciones que comentas y no lo pasé especialmente bien.
Creo que uno no se puede acostumbrar a algo así.
Hola..
He empezado a leerte y ya no he podido parar..creo que aportas MUCHÍSIMO a la sociedad explicando desde dentro ése mundo muchas veces tan "cerrado" de los médicos..y además siendo madre a su vez..
Sigue así.. yo te seguiré.
Saludos
hola... he trabajado muchos años como enfermera en una UVI pediatrica y , aunque lo veas dia a dia, no te puedes acostumbrar al dolor y sufrimiento de esos padres .... es antinatural perder a un hijo, ¿os habeis dado cuenta que no hay palabra que defina esa situación,
huerfano, viudo,definen la muerte del padre, del marido pero no hay ninguna que defina a la perdida de un hijo.... besos
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