lunes, 2 de agosto de 2010

Mi mundo trastocado

Viernes 16 de julio, dos y media de la tarde.

Acabo de bajar del autobús. Estoy oficialmente de vacaciones y por la tarde nos vamos una semana a una casa rural a Girona.

He cerrado unos cuantos temas pendientes en el trabajo y he podido salir más o menos pronto. Tengo un ratito para comer, acabar de hacer las maletas y pasar a recoger a las niñas.

He llegado a las vacaciones cansada y estoy medio eufórica en este momento.

Llevo andando dos minutos camino a casa. Vivo en una parte del barrio donde coexisten nuevas edificaciones con casas centenarias y fincas que fueron zonas industriales. Algunas están abandonadas y algunas de ellas son pasto de tribus urbanas. Paso por delante de una de estas fincas con aspecto abandonado y puerta de madera y oigo que alguien me llama:

- Chica, chica

Me giro y veo a una anciana muy anciana con toda la boca desdentada llena de tomate (por un momento he pensado que era sangre...)

Aunque suelo ser bastante miedosa ante los desconocidos, la anciana me parece indefensa y con algún problema.
Me acerco y le pregunto qué necesita. La señora me dice:

- Ve al siguiente portal, pica al segundo primera y dile a la señora Carmen que la Palmira quiere que baje

Estoy un poco estupefacta, pero decido seguir sus indicaciones. La señora Carmen me contesta que está cocinando, que no puede bajar y que le diga a la Palmira que se asome por el patio.

Vuelvo y le comento a la señora Palmira lo que me ha contestado la señora Carmen.

Y entonces la señora Palmira me dice

- Yo es que no veo casi nada. Nena, acompáñame al patio

Y entonces siento un poco de tensión y descarga de adrenalina...Por un lado me da miedo entrar en un sitio desconocido -y que parece que se está cayendo a pedazos- con una persona desconocida y por otro lado no tengo sensación de gato encerrado sinó de echar un cable a alguien que me lo está pidiendo.

Total que sin pensarlo demasiado, dejo que se coja de mi brazo y nos adentramos por un pasillo descubierto estrecho hasta el patio. Efectivamente allí se puede ver cómo está la señora Carmen asomada a su terraza arriba. La señora Palmira quiere hacer una llamada de teléfono y quiere que baje a marcarle el número. La señora Carmen reitera su imposibilidad de bajar en ese momento y entre todas convenimos que ya que estoy allí marcaré yo el número de teléfono.

Miro a mi alrededor. Se me acaba de caer el alma a los pies. Del patio surgen otras 4 estancias. Observando hacia el interior en 3 de ellas sólo hay cacharros amontonados. Como si fuera el almacén de una de esas personas que se dedican a recoger trastos de la basura o como si fueran los restos de naves industriales abandonadas. Palmira me indica que entre a la cuarta estancia que adivino en el patio. Es su casa.

Y le digo casa por llamarle de algún modo. Una superficie de no más de 30 metros cuadrados, donde se adivinan dos pequeñas habitaciones, una cocina minúscula y un lavabo ínfimo. Con un cuadrado central a modo de distribuidor y de "salón" donde escasamente cabe un sillón, una pequeña mesita plegable donde hay un plato de macarrones a medias, y una tele de pocas pulgadas.

Me da un papel roñoso y lleno de manchas de aceite donde hay unos 8 números de teléfono y me indica que marque el número de Diego. El hecho de que sea un número 900 y la conversación que oigo de Palmira me indican que se está comunicando con algún tipo de servicio social y ese hecho me tranquiliza relativamente.

La casa está llena de trastos viejos y muebles con decenas de años. Sin embargo está bastante limpia y ordenada.

Cuando cuelga me indica que apunte los horarios en los que las "chicas" de Diego la van a visitar la día siguiente.

Mantengo una breve conversación con ella. Es viuda, no tiene hijos, los sobrinos no la visitan. Vive de alquiler en aquella casa (que ya tiene mérito que alguien te alquile algo así). Está prácticamente ciega. Periódicamente vienen las "chicas" y le traen la compra y le limpian la casa. Estoy hablando con ella sin dejar de observar atentamente todo lo que me rodea, y sin dejar de pensar en mis hijas.

Finalmente creo que ha llegado el final de mi visita. Le comento a Palmira que me voy, que tengo que continuar mi vuelta a casa. Me indica el camino de regreso (que es el mismo que el de ida) y me insiste hasta la saciedad en que cierre bien la puerta. Que cualquier día entra cualquiera y le da un palo y la deja muerta.

Y salgo de allí con un fino temblor en las piernas. Y me da para pensar unas cuantas horas. En los sitios donde pueden llegar a vivir las personas, en si uno puede llegar a imaginarse vivir sus últimos días de esa manera, en la soledad, en lo poco que valoramos a veces lo que tenemos....

Ya no puedo pasar por delante de su casa sin pensar en ella. Me gustaría encontrármela otro día y ver cómo le va y preguntarle si necesita que le vuelva a marcar un número de teléfono.

12 comentarios:

mamá pediatra dijo...

Por cierto estoy participando en los Premios Blogs de 20 minutos en la categoría Personal. La verdad es que hay muchos amigos inscritos, con blogs fantásticos, así que la competencia está reñida!! Un abrazo

Suu dijo...

Oh, me he emocionado.

Es una pena pasar los últimos años de tu vida de esta manera.

Hay mucha gente que se olvida de sus antepasados antes de que estos se conviertan en eso, antepasados.

Felices vacaciones

Esther dijo...

Uf es una historia de película! Fuiste valiente por entrar.
Yo tambien cuando veo algun viejito con algo que me llame la atención pienso no en mi propia vejez, sino como será mi hijo cuando sea así, supongo que nos preocupa, o nos importa mas su vida que la nuestra propia.

Voy a ver si me paso por lo de los blog sy te voto ;)

Mayo dijo...

ME doy con la grata sorpresa de que hay nuevo look en el blog. Bueno, es que estuve retirada por un tiempito.
Me alegra que no haya pasado nada malo. Es característica de estos tiempos que una se sienta un poco desubicada pues la confianza es algo que ya no se da fácilmente.
Sin embargo, me alegra que hayas hecho una buena acción y es una penita en verdad que algunas personas vivan en condiciones que a veces una no imagina.
Muy tierna la entrada de hoy. Me conmovió.

Lulu dijo...

ufff, que pena, ¿no?
Lo de los Premios, te tengo entre mis finalistas, pero es una putada que casi todos los blogs por los que quisiera votar ¡estan en la misma categoria!

superamatxu dijo...

¡Qué triste terminar así nuestros días! A los que tenemos hijos, nos gusta imaginarnos que serán de otro modo, y que los pasaremos rodeados de nietos, pero ¿quién sabe cómo acabaremos?
Y fíjate qué mundo este, que hasta una ancianita nos hace desconfíar y pensar si no será una encerrona y nos van a atracar al intentar ayudarla. ¡Eso es más triste aún!

sonieta dijo...

i no cal anar gaire lluny, oi?
el que es molt trist es que el primer que penses gairebé es que te la van a fotre... i ho fas perque et surt de l'estómac però una veueta et va dient vigila vigila... i al final era el que semblava, gent senzilla que necessitava la
teva ajuda, però d'això gairebé no n'hi ha ja...

i d'altra banda, encara bo que et van trobar a tu... ves a saber qui es poden trobar per demanar-li que li marqui el telèfon... que trist tot plegat...

nee* dijo...

Muy triste, triste que exista esto en nuestros días, y tan cerca de nuestros hogares, más triste es que esta situación se permita por parte de familiares, en algunos casos, y servicios sociales en otros.
Es lamentable que una persona tenga que acabar sus últimos días de esta manera, pero más lamentable es el creciente desprecio y falta de respeto que tienen muchas personas actualmente hacia las personas mayores, hacia todos aquellos abuelos y abuelas que han dedicado su vida a sus hijos y ahora pasan sus últimos días en una triste residencia.
En mi opinión, en general, se tendría que valorar más a las personas mayores, ya que aún tienen cosas que ofrecer a nuestra sociedad, no debemos menospreciar el saber que pueden haber llegado a acumular después de muchos años de experiencias.
Me alegro de saber que hay mucha más gente que piensa como yo.
Que vaya bien por Girona!

MissManjolita dijo...

jo, q pena me ha dado... parece q estas cosas solo las vemos en la tele y sin mucho interes... como si fueran decorados. pero no. realmente hay gente q vive asi.
has sido valiente al entrar, yo me he vuelto muy desconfiada, no se lo q habria hecho...

Camino dijo...

Me ha encantado!
Seguro que el ratito que pasaste con ella lo agradeció profundamente.
Sí, es una lástima pasar así el final de tus días, pero peor hubiera sido que no hubieras entrado, seguro que ella hubiera pensado que ya nadie le importa a nadie.

CoCaS De SáBaDo dijo...

los gestos sencillos son en muchas ocasiones los que más huella dejan en el corazón... Supongo que siendo tú algún día volverás a llamar a la puerta.... ya nos contarás ;-)

chio dijo...

El principio de la historia parecia el guión de una película de Almodóvar, pero el final tristemente nos enseña la más cruda realidad, que lejos parece pero que cerquita está, verdad?

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