
El domingo fui a conocer al hijo de mi amigo Cristian. Es un pequeñín que nació 4 días antes que mi sobrina. Hasta aquí nada fuera de lo normal, pues por mi edad es frecuente recibir noticias de nacimientos y hacer estas visitas.
Mi amigo Cristian es médico. De hecho nos hicimos amigos porque íbamos a la misma clase en la facultad. Creamos un grupo de amigos que ahora anda un poco desmembrado, como suele pasar con el paso de los años. Acabó la carrera, hizo la especialidad de Medicina de Familia en Granada y después decidió cumplir uno de sus sueños: convertirse en médico de los más desfavorecidos haciendo de sí mismo uno de los muchos expatriados que corren por el mundo. Después de formarse en Medicina Tropical se fue a África, donde ha ido dando vueltas por diferentes países y proyectos. Ahora hace un tiempo que está en Mozambique trabajando para el Centro de Investigación en Salud de Manihça, centro dependiente del CRESIB (Centre de investigación en Salud Internacional de Barcelona) que dirige el Dr. Pedro L. Alonso y vinculado al Hospital Clínic de Barcelona. Mientras la lucha contra la malaria es el principal objetivo del centro, mi amigo trabaja día tras día asistiendo a enfermos de muchas otras enfermedades que también diezman la población del lugar, en especial la tuberculosis y de forma mucho más macabra, la infección por VIH.
Conoció a la que ahora es su pareja por esos lares -ella también es cooperante- y recientemente ha nacido su primer hijo, aquí en Barcelona. Él se volvió ayer a Mozambique a continuar con su trabajo y ella con el bebé, si no hay incidencias de última hora, se reunirá con él en unas cuantas semanas.
La labor que realizan me parece admirable y en parte me despierta una cierta envidia, pues en alguna época de mi vida, me hubiera gustado como mínimo probar esa experiencia. Ahora mismo, con mi situación laboral y sobretodo familiar me parece inviable esa posibilidad. No sé si quizá con los años cuando las niñas sean más mayores me anime a algún proyecto de este tipo. Hay médicos que aprovechan sus vacaciones para dedicarse a colaborar puntualmente en países en vías de desarrollo aportando su granito de arena a aliviar las tremendas diferencias norte-sur.
A mi amigo no pude dejar de preguntarle sobre las precauciones que tendrán con el niño una vez estén allí. Pues obviamente no es lo mismo enfermar en Europa que hacerlo en África y los gérmenes a los que uno está expuesto tampoco son iguales. Lo tienen todo bastante planificado y cuentan con la experiencia de unos compañeros que hicieron lo mismo hace un año, aunque puntualmente les asalta la duda y supongo que irán ponderando los riesgos y decidiendo sobre la marcha, quién sabe si quizá repatriarse de nuevo por lo menos de momento. Como véis un hijo cambia la trayectoria de lo que era tu vida radicalmente, o por lo menos te lo acabas planteando en otros términos.
Si algún día me da por probar la cooperación optaría seguramente por dos de las siguientes opciones. Una sería en el Hospital de Lunsar en Sierra Leona, con quien el Hospital Sant Joan de Déu está hermanado y a quién éste último ofrece soporte económico y técnico. De hecho el hospital va enviando periódicamente pediatras y enfermeras que quieren colaborar en el proyecto. Y la otra opción sería colaborar con la obra social de mi propio hospital, que sostiene económicamente un centro para niños desnutridos que está en la zona de Petén, en Guatemala. Ambas obras solidarias reciben donativos de muchas personas anónimas, gracias a las cuales pueden mantener el trabajo en la zona
Si os interesan estos temas y los datos sobre las infancias más desfavorecidas, no dejéis de pasaros por el blog de Rubén, Hijos de Eva y Adán






3 comentarios:
Yo no soy médico pero tb me he planteado ayudar a mi manera. Siempre me ha llamado la atención y lo tengo como pendiente y algún día me informaré y lo haré el visitar y entretener a los niños que están hospitalizados y dedicarles parte de mi tiempo. Este año tengo otros retos pero al año que viene... me lo voy a anotar en mi libreta para que no se me olvide!!!
Muchas gracias por la mención, Amalia.
Al hilo de lo que comentas, en mi caso, han sido precisamente esas circunstancias familiares las que han motivado en gran parte la no participación como expatriado en ningún proyecto.
Pero es cierto que a veces tendemos a convertir la realidad en blancos y/o negros sin dar cabida a toda la gama de grises intermedios. "Si no vas a... no haces nada". Hay mucha labor que hacer desde el Norte (quizás tanta más que desde el Sur) para poder contribuir a paliar esas diferencias que mencionas; una de ellas, es dejar de mirar al Sur como ámbito al que sólo podemos dar desde el Norte, que es donde tenemos los conocimientos, la ciencia, la técnica... (sin permitirles organizarse ni permitirles aportarnos).
De estas y otras reflexiones, y diálogos -reales sobre todo, alguno virtual- ha nacido Hij@s de Eva y Adán.
Un abrazo, ;-)
Hola Amalia,
Unos amigos de mis padres vivieron durante unos 15 años en Guinea Ecuatorial levantando escuelas impresionantes. Tenían dos niñas y diría que la pequeña nació allí, incluso. No obstante, estuvo un par o tres de veces muy grave a causa de la malaria y con todo el dolor de su corazón tuvieron que volverse.
Eso sí, esas dos niñas, que hoy son más mayorcitas, aseguran que ellas son africanas, de Guinea Ecuatorial.
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