
Imaginaos una pequeña empresa que nació con mucha ilusión. Tenía un director general joven y con ganas. En el momento de querer crecer creando nuevas sucursales vió la necesidad de compartir su trabajo directivo. Después de evaluar a unos cuantos candidatos, se quedó con el que sería a partir de entonces el gerente de su empresa. Lo eligió por su buen perfil, tenía un currículum intachable. Poco después el gerente se hizo accionista a partes iguales con el director, de forma que a efectos prácticos la empresa era de los dos.
La empresa fue creciendo, ambos trabajaban por llevarla a buen puerto, pasando por diferentes etapas: bonanza y penuria económica, crisis de identidad, amenazas externas, buenas oportunidades y momentos más penosos. Y de todo se fue saliendo de forma más o menos airosa. Tras unos cuantos años de trabajar codo con codo, el director general estaba cansado. Siempre tenía la sensación de que todo dependía de él, de que las decisiones del día a día siempre le correspondían, de que era él quien tenía que controlar todos los asuntos de las sucursales. Curiosamente cuando viajaba a otro país por asuntos de trabajo, el gerente se encargaba perfectamente de todo, sabía a conciencia manejar los entresijos de la empresa, pero de alguna manera resultaba más fácil ser el segundo y no tomar las riendas del carro. Y así día tras día, mes tras mes, año tras año.
De tanto en tanto el director general explotaba y le recriminaba; el gerente argumentaba sus motivos, y las cosas parecían cambiar unos pocos días. El director general pensaba que si la empresa era de los dos a partes iguales, también el trabajo y la responsabilidad tenían que ir compartidos. Pensaba en dimitir e irse a trabajar para otro. Pensaba que nunca tenía vacaciones de verdad y que se llevaba a casa mucho trabajo y muchas preocupaciones. Al final siempre llegaba a la conclusión de que la empresa era su proyecto más importante y que daría la vida por ella. Así que había que seguir trabajando duro.
Se acababan reconciliando, se querían como dos hermanos. Incluso el director general había temas que ya no los mencionaba. Al final cambiaba poco las cosas y se generaban más conflictos. Pensaba que quizá cuando las sucursales crecieran un poco más y fueran más autónomas, todo sería un poco más sencillo.






14 comentarios:
Extraordinaria metáfora. Enhorabuena una vez más.
Si el director no está bien, no veo como puede hacer funcionar bien la empresa, a menos que saque fuerzas de sus higadillos, cosa que suele pasar una alta factura antes o despues
Real como la vida misma. En el fondo pienso que la culpa es nuestra por ser mujeres que podemos con todo y nos hacemos cargo de todo.... les tenemos mal acostumbrados....
Enhorabuena por la entrada
Pues sí, extraordinaria. No voy a entrar en profundidades para no salir escaldado, ;-)
Sra. Dra. General, a veces es necesário contratar auditorás externas para que nos digan cómo solucionar nuestras carencias o como motivar e involucrar al resto del personal de la empresa en un camino común.
Un saludo y ánimo
Genial, me he sentido totalmente identificada.
MAGNIFICAMENTE REAL!!!
solo un pero, las cosas iban bien cuando viajaba el dircetor porque dejaba todo perfectamente estructurado, organizado, apuntado y previsto!
Muy, muy buena metáfora... Me ha encantado.
Y el chiste del genial Forges, acertadísimo, como siempre: yo conozco a muchos de esos "adictos al trabajo"
La historia es muy interesante y es comprensible que haya muchas madres que se sientan identificadas, pero también es posible que haya un error de partida al traspasar el caso a la realidad. Y es que estamos de acuerdo en que muchos padres se "despreocupan", pero también hay madres que se adueñan de funciones que podrían/deberían hacer los padres sin darles posibilidad de entrar en ese círculo.
Al igual que cuando se dice aquello de "dos no discuten si uno no quiere", en estos casos tampoco estaría de más algo de reflexión y autocrítica.
Un saludo,
Mainada
http://www.miexperienciaenmainada.com
Bueno, sí, pero algo críptico, ¿no? esto no es ni muy "mamá", ni muy "pediatra"... danos más datos que nos quedamos con la duda (marido, padre, hermano??? - hablo en masculino porque tú escribes director)...jejeje... es mi lado cotilla que no puede resistirse a saber más.
Sólo una postilla, quizás y sólo quizás, ¿no puede ser que a veces también es dificil pasar a un 2ª plano? ¿no puede ser que el director no dejaba el espacio suficiente al gerente para tomar sus deciosiones? ninguna de las dos posiciones es sencilla... a veces, por prudencia, uno no quiere meterse en terreno que se "supone" que es de otro, por tradición, por herencia, por rango, por... lo que sea.
Besos
Begoña
me encanta tu blog de verdad!
yo hice una crtica en el mio sobre la mala educación de la gente en los hospitales y la paciencia que teneis!!
espero que algún día te pases!
un besote
Me gusta muymucho leerte... pero hoy me quedo con un sabor "raro"...
Mmmmmmmmuuuua! ;)
SilviaSambu.
Me alegro de haber creado tal multitud de sentimientos entre vosotros. No voy a desvelar más datos (lo siento por "las cotillas"), sólo era una historia....
Mañana un tema mucho más serio y formativo!!!
Saludos
Me sorprendo de algunos comentarios que acusan al director de querer relegar al gerente a un segundo plano. Cuando se ha demostrado que le invita constantemente a participar en la toma de decisiones y en la ejecución del programa, que se repite día a día, noche a noche, no cuando al gerente se le apetece.
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