martes 27 de abril de 2010

Reencuentros

Ayer estuve de guardia. Los lunes son durísimos. Tuve que pedir como favor que me cubrieran durante un rato porque tenía una hora programada desde hace varios meses para hacerme una ecografía en mi ambulatorio. Tengo un pequeño quiste en la glándula tiroides que no me da ningún tipo de síntoma, pero periódicamente me toca controlarlo para ver que no ha crecido demasiado.

Al acabar la prueba salí zumbando de vuelta al hospital y bajando las escaleras, me crucé con un antiguo profesor. Era el profesor que tuve de Lengua y Literatura desde segundo de BUP hasta COU. Es curioso porque cuando eres adolescente todos los adultos te parecen muy "mayores" y conforme pasa el tiempo y tú también te haces mayor, las distancias se acortan y te das cuenta de que en realidad no nos llevábamos tantos años cuando él estaba encima de la tarima y nosotros en los pupitres. Es un profesor por el que tenemos gran simpatía (también mi marido, que iba a clase conmigo), y es que a pesar de que esas clases podían suponer según qué día un pelmazo para un adolescente en plena ebullición hormonal, tengo claro que nos influyó en el amor que ahora tenemos por la literatura. No sé si se percató al verme de que llevaba un libro en la mano. Quizá sí y quizá se sintió orgulloso por ello.


El caso es que al verle en un lugar donde la gente va porque suele tener algún problema de salud, le pregunté qué le pasaba. Iba a hacerse una radiografía de control por una neumonía. Como subía por las escaleras, le comenté que se debía encontrar bastante bien y también bastante animado porque sobretodo los adultos, con neumonías notan bastante la afectación de una zona del pulmón y se ahogan con esfuerzos mínimos. Me dijo que ya estaba bastante recuperado aunque no del todo, y con su sincera sonrisa que tantos recuerdos me trae, me comentó que había estado reflexionando sobre cómo ignoramos en condiciones normales que necesitamos el oxígeno para respirar.


Y así me fui de vuelta al hospital. Contenta por el reencuentro. Y pensando en sus palabras. Es verdad que sólo nos damos cuenta de que nuestros pulmones funcionan perfectamente y que respiramos oxígeno cuando nos falta el aire. Nos acordamos de que caminamos y de lo útiles que son muestras piernas cuando nos las hemos lesionado. Nos acordamos de nuestro cuerpo cuando algo nos duele y añoramos la salud. Qué cosas, ¿verdad?

3 comentarios:

mafalda dijo...

Esos reencuentros son fantásticos! Yo tengo un profesor de la Facultad al que admiro profundamente y que, lejos de mostrarse distante, se tomará un café conmigo el jueves, jejeje! Ya estoy deseando que llegue el día para poder "empaparme" de todo el conocimiento que transpira.

azulitoclaro dijo...

Cierto. Ojalá tuviéramos más presente todo... o, mejor dicho, ojalá fuéramos capaces de mirar las cosas -aunque sea por momentos- con los ojos de los niños. ¿Te has dado cuenta de que para los niños hasta el aire es una novedad? Mi pequeña Irene, de 8 meses, aún abre los ojos exageradamente cuando ve (suena contradictorio, pero es así) oscuridad. Creo que piensa que así puede ver más... Son otros ojos y otro espíritu, ¿verdad?
¡Ah, y qué rico reencuentro! Seguro le animaste el día con tu librejo. ;)

Mainada dijo...

Los reencuentros con los profesores son estupendos, porque es verdad que aunque hayan pasado muchos años existen unos roles que nunca desaparecen y que mantenemos, aunque sea por el respeto a lo que suponían en su día.

Muy bonito el post.
Un saludo.

Mainada.
http://www.miexperienciaenmainada.com

Related Posts with Thumbnails

Diario de una mamá pediatra | Desenvolvido por EMPORIUM DIGITAL