
El nacimiento de mi primera hija supuso un cambio radical en todos los aspectos de mi vida. Desde el punto de vista físico, psíquico, laboral, económico, social, etc, tener un hijo da un giro de 360 º a tu vida. Habitualmente uno tiene una idea "romántica" de la maternidad que cambia radicalmente a los pocos días de tener a tu recién nacido en brazos. Aunque no son pocas las dificultades, esta claro que la maternidad te aporta muchas cosas positivas, si no el mundo ¡se habría acabado!
La adaptación a este cambio es variable. Hay parejas que integran el nacimiento de su hijo perfectamente a su estructura de vida y existen parejas a las que les cuesta más. Seguramente depende en gran manera del carácter de cada uno, del deseo de paternidad y de lo complicado que sea su día a día.
No obstante, pasado un tiempo muchos tendemos a "repetir", es decir a tener otro hijo. En nuestro caso no nos lo planteamos hasta que la mayor tuvo 2 años. Los primeros 12 meses de vida el niño es un bebé, de los 12 a los 24 meses sigue siendo un bebé aunque camina, entiende casi todo y dice algunas palabras. En todo ese tiempo el niño todavía es muy dependiente y en mi caso la idea de tener otro hijo ¡me ponía los pelos de punta!
Teníamos claro que íbamos a tener un hermano/-a para nuestra hija. Yo tengo una hermana "pequeña" con la que me llevo 2 años. Mi hermana es una de las mejores cosas que tengo en mi vida. Es mi amiga, mi compañera, siempre sé que puedo contar con ella. Cuando éramos niñas nos peleábamos mucho pero también compartíamos muchos juegos y experiencias. Sé que estará siempre a mi lado, pase lo que pase. Yo quería que mi hija también tuviera esa vivencia.
Además de los motivos "personales", me consta que el tener un hermano ayuda a los niños a aprender algo tan importante como es COMPARTIR. Empezando por el cariño de los padres y acabando por todas las cosas materiales que hay en una casa.
Cuando Laia tenía 2 años y medio me quedé de nuevo embarazada. Mis hijas se llevan 3 años y 3 meses. Me parece un intervalo de edad ideal, ya que hemos podido atender con tranquilidad los "exigentes" primeros meses de cada una. Aunque surgieron los inevitables celos, a los 3 años mi hija era lo suficientemente autónoma (y además estaba escolarizada) para que nos pudiéramos dedicar (y disfrutar) a la pequeña. Ahora que la pequeña ya tiene 2 años ya juegan mucho juntas y no me cabe la menor duda de que serán compañeras inseparables. Nos sentimos muy reconfortados cuando las vemos hacer cosas juntas y aprender a quererse tanto.
El embarazo fue muy diferente, se me pasó volando. Atendiendo a la mayor, casi no me di cuenta del crecimiento de su hermana. Durante el embarazo te asalta una duda muy importante: ¿las querré a las dos por igual? La respuesta es sin duda que sí: las quieres por igual aunque a cada una la quieres por lo que es. No obstante, al principio, con el mayor tienes una historia que con el pequeño todavía está por construir (aunque se tardan muy pocos meses....)
En respuesta a la pregunta del título, está claro que opino que SÍ (con mayúsculas). Habrá gente que esté peleada con sus hermanos o personas que siendo hijos únicos hayan sido la mar de felices, pero por lo vivido y lo que veo en mis hijas, está claro que tener un hermano es el mejor regalo que te pueden hacer tus padres.
Dedicado a mis amigas que han tenido o que esperan a su segundo hijo/-a, a pesar de las dificultades para conciliar (con el trabajo), para ahorrar y para llevar una casa.