
"Vete a dormir, ya no des más el tostón
y a pegar mocos en el colchón.
Estás muy cansado, tienes los ojos rojos
tienen sueño hasta tus piojos.
Vete a dormir, ya no pintas nada aquí,
y no te olvides de hacer pipí.
Vete a dormir, ya no pintas nada aquí
¡que tus padres quieren vivir!"
Uno de mis primeros post cuando empecé a escribir este blog, hace ya 5 meses, hablaba sobre el sueño. Para una adicta al buen dormir, sin duda la falta de sueño es una de las peores cosas de la maternidad. Ya entonces relaté cómo el sueño para mí es una obsesión algunos días.
Una vez pasados los primeros meses de Irene en que se despertaba y tenía tomas por la noche, la verdad es que tuvimos unos meses de "luna de miel". A partir del cambio de cuna a cama como narré en aquel post, hay días que me gustaría irme a una isla desierta simplemente ¡A DORMIR!
La verdad es que tener 2 años es una época dura y llena de cambios: pasas de ser un bebé que camina a una niña pequeñita. En estos meses, salió de la cuna, posteriormente llegó la despedida del chupete y ahora estamos con el control de esfínteres. Entiendo que lo mínimo que puede pasar es alguna pequeña (o no tan pequeña alguna nochecita) alteración del sueño. Lo más curioso del caso es que parece tener un radar detector-de-cansancio-materno, pues casualmente las noches más folclóricas preceden o son posteriores a mis noches de jolgorio laboral (noches de blanco y en blanco, es decir, de guardia). Con lo cual suelo encadenar 2 ó 3 noches de mal dormir que merman mi intelecto y afectan a mi humor.
Los días empiezan entorno a las 7 y media, independientemente de que sea día laborable o día festivo. Ya no sé lo que es despertarme sin despertador (electrónico o humano). Y aunque tengo algunas mañanas libres, no se me ocurre ponerme a dormir cuando vuelvo del cole (aunque confieso que alguna día me he sentido tentada). Además, cosa curiosa, el día que el despertador con patitas no se levanta a esa hora, me despierto yo espontáneamente y aparte de aprovechar para hacer un pipí, me asomo a su habitación a ver si es que le ha pasado algo....Y otra curiosidad: el día que yo no estoy, porque he estado de guardia y todavía no he llegado, suele dormir mejor y despertarse más tarde....
Otro momento delicado: la hora de ir a dormir. Después de bañitos, cena, higiene y cuentos, ese espacio de tiempo hasta que se hace el silencio puede ser eterno. Laia lo intenta alargar todo lo posible, siempre tiene una excusa preparada. Para Irene el levantarse de la cama y que tú la lleves de nuevo es como jugar al escondite, ¡la mar de divertido!. Además ve a su hermana de cachondeo y la imita. Me pregunto en qué tipo de energía nuclear se convierte la comida que comen, porque yo a esas horas ya no puedo con mi cuerpo y ellas todavía tienen cuerda para rato. Al final hay que ponerse como una energúmena y me siento mala madre cuando pienso que tengo ganas de estar sola un ratito sin mis sombritas, ganas de poder cenar tranquilamente delante de la tele, ganas de poder tener una conversación sin interrupciones con mi novio y de irme a la cama prontito para poder leer 3 páginas del libro de turno y madrugar de nuevo al día siguiente....






5 comentarios:
Por los días que llevo leyendo tu blog, yo diría que eres una mamá estupenda, así que practicamente te puedo dejar el mismo comentario de ayer: ¿te sientes mala madre? ¿por qué la gran mayoría de mujeres nos sentimos mal, culpables o llámalo como quieras, si no alcanzamos el 120 % de la perfeccion? (entendiendo por perfeccion que la vida transcurra como en un anuncio de foigras) Por lo que parece, adoras a tus hijas, las cuidas, te ocupas de ellas en todo, trabajas un huevo... ¿mala madre por tener ganas de disfrutar de un rato de paz cuando acaba el dia?
Esther, gracias por tu comentario....Tienes mucha razón en lo de la perfección. Un saludo
Está claro que los críos tienen muchísima más energía que los adultos y quizá parte del problema resida en que, como adultos, no disponemos del tiempo ni la energía suficiente para cansarlos.
Cuando los niños/as tenían 5 hermanos y se pasaban el día en la calle jugando, corriendo, gritando, cayéndose, llorando, peleando, etc... llegaban a la cama hechos unas piltrafillas y caían fulminados nada más poner la oreja en la almohada. Por otro lado tampoco había tantas contemplaciones, te ibas a la cama y punto, tanto si tenías sueño como si no y el cuento te lo explicabas tú solito/a.
Lo que quiero decir (quizir) es que quizá lo que pasa es que los niños/as de ahora se van a la cama con un excedente de energía que les impide dormir. Además, lo de explicar cuentos está muy bien y sale en todas las películas de padres perfectos, PERO si yo tubiera dos años, 1 o 0 hermanos y dispusiera de poco tiempo en compañía de mis padres también intentaría alargar esos momentos, por ser los mejores del día, aunque me cayera de sueño.
Sólo es una sugerencia.
Entonces ¿lo que me pasa a mi no es único?
Entonces ¿mi niño que tiene casi 11 meses no va a cambiar en breve?
Entonces ¿no es que yo lo mimo mucho?
Entonces estoy más tranquila al leerte...
Gracias
Begoña
Más aventuras y desventuras de una madre primeriza en:http://ahoralamadresoyyo.blogspot.com/
Hola a tod@s, ya sé que llego tarde y casi ha pasado un mes desde este post, pero acabo de descubrir hoy este blog, le he estado leyendo este artículo a mi marido y nos ha entrado la risa floja, como si vivieras en mi casa, Amalia, igualico igualico. Ains, hoy hemos metido a Álvaro a la cama a las 21:30 y se ha estado levantando cada 5 minutos aproximadamente, a mí ya me daba la risa porque se venía arrastrando por el pasillo como los marines, agarrado a sus dos osos, y cuando llegaba al salón se tapaba la cabeza con los brazos para que no le viéramos, qué rico... A las 22:40 parece que ya captó la indirecta y se quedó.
Nada, que me encanta tu blog, de lo mejorcito que he visto últimamente, y además aprendo un montón, muchas gracias por tu tiempo.
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