Desde el momento en qué nacen y durante todo su desarrollo, los niños siguen visitas periódicas al pediatra para el control de su salud y para las vacunaciones. En ocasiones además, en momentos de enfermedad, serán precisas algunas exploraciones complementarias.Pocos niños pequeños acuden al pediatra de buen grado. A veces por experiencias desagradables anteriores y otras veces porque su propia fantasía le hace suponer situaciones más terribles que las que realmente van a "sufrir". Todo esto se incrementa si el que le visita no es su pediatra habitual (como por ejemplo suele suceder en Urgencias).
Ni la buena voluntad de los padres (¡que siempre se agradece!) ni la experiencia del médico pueden evitar en muchos casos, los llantos y las pataletas.
Es normal que el niño se asuste y llore, tanto los padres como los pediatras debemos intentar explicarle las cosas. Los padres además tienen la importante labor de hacerle compañía y hacer que el niño no se sienta solo en esa tesitura.
Las explicaciones suelen tranquilizar a los niños, aunque los menores de 3 años es difícil que estén preparados para comprender según qué explicaciones. Los más mayorcitos formularán preguntas inteligentes que tendremos que intentar contestar de forma clara y sencilla.
Aunque las palabras suelen ser siempre tranquilizadoras, es difícil que un niño muy pequeño entienda el motivo de la visita o la necesidad de una vacuna y acceda a ello voluntariamente.
De la misma manera que es conveniente explicar las cosas, también se debería no engañar a los niños. Por ejemplo decirles que no se les va a pinchar cuando toca vacuna, o decirles que el pinchazo no le va a doler. Se sentirán engañados (son pequeños, pero no tontos) y se generará una mayor desconfianza para la próxima vez. Tampoco me parece adecuado utilizar la visita como castigo o amenaza, la típica frasecita que los pediatras odiamos "Si te portas mal, el médico te pinchará".
La hospitalización puede constituir una experiencia traumática para algunos niños y debería evitarse en los casos en los que hay alternativas. En el caso de intervenciones quirúrgicas programadas es mejor la modalidad ambulatoria, en la que los niños al cabo de unas horas se vuelven a casa. Es conveniente de nuevo preparar a los niños y explicarles en detalle qué va a pasar en el hospital y cuál será la secuencia de sucesos.
En el hospital la mejor compañía es la de los padres. Diversos estudios demuestran que la compañía y el afecto de los padres acelera la recuperación de las enfermedades. Los padres deben intentar transmitir seguridad y tranquilidad y no transmitir su propia ansiedad ante la hospitalización.
El juego simbólico permite al niño manifestar sus sentimientos y miedos. "Jugar a médicos" puede ser una forma estupenda de preparar al niño para las visitas al pediatra o para una intervención. Los padres y los hijos pueden ejercer diferentes roles en el juego y así ayudar a sus hijos a superar algunas experiencias vividas o por vivir.Ya les he dado una idea de regalo (especial para los súper miedosos a las batas blancas)






1 comentarios:
Se que voy un poco tarde pero he conocido hace poco tu blog y me lo estoy leyendo todo.
Yo siempre he intentado hacer con mi hija todo lo que tu dices, pero en nuestro centro de atención primaria, una de las enfermeras tiene la PU.. manía de que cada vez que un niño se porta mal en la sala de espera le suelta la frasecilla de "si te portas mal te vamos a pinchar".
Hasta tal punto dice esto tan amenudo que mi hija, que nunca ha llorado mucho en las vacunas, estaba desconsolada después de una vacuna porque no entendía que había hecho malo.
Ana
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