miércoles 28 de enero de 2009

No sólo de pan vive el hombre....


Esta mañana tenía una cita peculiar. Para nuestro último aniversario, a mi marido se le ocurrió regalarme un "Bongo", bueno ahora se llama "Smartbox". Es una cajita que contiene un bono para elegir un tratamiento de "bienestar" (los hay de otro tipo: gastronomía, escapadas, etc). Habían pasado los días y no había encontrado el momento para darme el homenaje y para evitar que se me caducase, reservé una mañana libre. Entre las 3 ó 4 opciones que había en la cajita, escogí el "The Chi Spa", que está en las instalaciones del Club Tenis Turó-David Lloyd, en la Diagonal, por delante del hotel Juan Carlos I.

Como he llegado un poco antes de que abriera el Spa, me he sentado unos minutos a leer el periódico en unos sillones que había en el Club de Tenis, ante la mirada inquisitiva de 5 sesentones bien uniformados para imitar a Rafa Nadal. Me han hecho sentir incómoda, leñe. No sé si me miraban porque no les sonaba mi cara o porque mi atuendo hoy era casi todo de Mango y no daba el perfil....Es lo que tiene Pedralbes.

Posteriormente en el spa, más de lo mismo, señoras perfectamente depiladas, peinadas, tatuadas, bronceadas y "estiradas" esperando a su lujo ¿diario?

El sitio era muy chulo: la decoración muy cuidada, el ambiente a media luz, plagado de velitas y de pétalos de rosa, música zen y de pajaritos.

Cuando he entrado con la chica en la cabina de masaje he conseguido abstraerme del ambiente mega-pijo y empezar a relajarme.

De los tratamientos a escoger he elegido un masaje corporal Ayurvédico con pindas y facial relajante. Las pindas son una especie de bolsitas llenas de arena que van soltando aceites y diferentes olores. En fin, 90 minutos de gloria que me han desenrollado la espalda y me han dejado volar la mente....al final casi me quedo dormida!

Lástima que al salir de allí lo primero que he hecho ha sido mirar el reloj porque, inexorablemente a las 3 entraba a trabajar, el tiempo justo para comer un arrocito con mi novio y coger el 6 que me deja en la puerta del hospital....

La relajación me ha durado hasta la sexta o la séptima visita en Urgencias. Luego a tomar un café porque estaba en la parra. Y a la vuelta, ya de pies en el suelo, la dura realidad de una tarde cotidiana de trabajo....

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